ETA AND NEGOTIATION POLICY (Part III)

Revolutionary armed struggle
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Que los acuerdos de Lizarra-Garazi se rompieran no significaba en absoluto el fracaso de la vía negociadora como fórmula para abrir un nuevo escenario político en Euskal Herria, más democrático. ETA y el Estado lo saben.

Las enseñanzas del segundo asalto a la negociación son, en si mismas, un perfecto indicador de cuales son los caminos de la siguiente etapa a afrontar.

 

LAS NEGOCIACIONES DE LOIOLA, EL TERCER ASALTO.

Gran parte de la sociedad vasca y los grupos políticos que la conforman, entre ellos amplios sectores del MLNV y del Imperialismo español, contemplaron la negociación política como un proceso muy limitado en el tiempo, un proceso más bien mecánico en el que ambas partes se sientan, discuten, cierran los acuerdos y se van a sus respectivas casas. Pero no es así.

Ya durante las negociaciones de Argel, ETA asume que el “proceso negociador” no va a ser un asunto fácil y mucho menos lineal…había que diseñar una estrategia negociadora para apostar por ella y eso exigía ponerse a caminar, la inmovilidad es la peor enemiga de la negociación.

 

Si Argel, a grandes rasgos, implicó el reconocimiento de ETA como sujeto político al margen de los partidos, Lizarrasupuso abrir importantes avances en el concepto de acumulación de fuerzas en torno a un proceso democrático. La acumulación de fuerzas no necesariamente pasaba por la identificacióndel pueblo con unas siglas concretas, sino más bien con un proceso de resolución concreto.

 

La acción armada de ETA, criticada por muchos y tras casi diez años desde la ruptura de Lizarra, consigue de nuevo abrir un nuevo escenario de resolución con las enseñanzas aprendidas tras dos intentos fracasados anteriores, son momentos para encuadrar y fijar a grandes trazos lo relativo a la viabilidad de las conquistas logradas, fortalecerlas y apoyarlas colectivamente para garantizar que las previsibles reacciones involucionistas u obstruccionistas no se movilizasen o haciéndolo fuesen neutralizadas.

 

Las negociaciones de Loiola se presentaron como una buena oportunidad para avanzar en el proceso de liberación nacional y social, en las que los errores del pasado no se volvieran a repetir.

 

“La propuesta de Anoeta” lanzada por la izquierda abertzale supuso un desafío para el Estado y los partidos del sistema, sobre todo para el PNV. En ella, el peso de la negociación políticaes llevada a una mesa de partidos políticos mientras que en otra, ETA y el Gobierno español discuten los temas técnicos relativos a las consecuencias del conflicto. Los resultados de los acuerdos serían trasladados a la sociedad para su aprobación o rechazo.

 

La estrategia negociadora perfilada desde Argel daba sus frutos y el proceso negociador, tras la firma de unos acuerdos con el Gobierno español, se presentaba ilusionante y fructífero.

 

Tras casi un año de tregua por parte de ETA, una vez más, el miedo de los políticos se hizo patente, sobre todo para el PNV y UPN, sus liderazgos en las provincias vascongadas y en Nafarroa respectivamente, quedaban en cuestión y la pérdida de tales prevendas les hizo abandonar las mesas de negociación y cerrar filas entorno al PSOE, que por presiones en la política española, cedía al chantaje de los sectores más reaccionarios del Estado e incumplía los acuerdos pactados con ETA y la izquierda abertzale.

 

Pero la pregunta que surge inmediatamente después de la ruptura de Loioa es la siguiente:

¿qué falló?, ¿por qué los sectores más reaccionarios del Estado consiguieron su objetivo?, ¿no tuvo en cuenta la izquierda abertzale y ETA, una vez más, la posible negativa del Estado a no ceder y las posturas involucionistas de la burguesía vasca y la regionalista navarra?

 

La respuesta quizá la encontremos en el desarrollo, realizado por Pertur ya a mediados de los 70, de la “Ponencia Otsagabia” en la cual, la lucha de masas, (no sólo la acumulación de fuerzas) es un pilar fundamental en la táctica y estrategia de enfrentamiento con el Estado mientras que la acción armada se muestra como garante de las conquistas logradas.

 

Hemos aprendido en nuestra historia y de la de otros pueblos que el parlamentarismo, las elecciones secretas e individuales, es decir, el sistema capitalista vigente, degenera en sustitucionismo burocrático y en dictadura encubierta del capital si no existe como garantíapráctica de la democracia real y participativa, no delegada, un contrapoder popular dotado de amplias atribuciones y en estrecha relación con el frente institucional.

Cuando hablamos de contrapoder popular, definimos la superioridad de la democracia participativa, horizontal y autoorganizada sobre el sustitucionismo burocrático.

 

Para enfrentarnos al cuarto asalto a la negociación política tendremos que tener en cuenta todo lo aprendido hasta Loiola y atacar en donde es más débil el enemigo del pueblo vasco y la revolución socialista.

 

EUSKAL HERRIKO KOMUNISTAK