Derecho de Autodeterminación (Krutwig)

Art. Históricos (Proceso Liberación)
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SEGUNDA PARTE. El derecho autodeterminación

 Las obras ideológicas de Lenin (1) son el arma más potente con que pueden contar los pueblos oprimidos por el colonialismo, el capitalismo y todos los sistemas de explotación, con el fin de derrocar la injusticia que vienen sufriendo desde siglos.

La aplicación de los principios leninistas permitiría el establecimiento de un sistema justo en las relaciones entre los pueblos. Recordemos que Lenin no establece dos normas, una para Rusia y otra para los demás, como suele pasar con esos burgueses que comprenden tan bien los problemas nacionales del vecino... pero ¿los propios? ¡De eso nada! .Y en esto no son diferentes los burgueses de los socialistas aburguesados.‑

«Ayer —escribe Marx el 20 de junio de 1866— hubo en cl Consejo de la Internacional un debate sobre la guerra actual... Como era de esperar: la discusión giró en torno al problema de las "nacionalidades" y a nuestra actitud ante él... Los representantes de la "joven Francia" (no obreros) defendieron. el punto de vista de que toda nacionalidad y la nación misma son perjuicios anticuados. Stirnenismo proudhoniano... Todo el mundo debe esperar a que los franceses maduren para realizar la revolución social... Los ingleses se rieron mucho cuando yo comencé mi discurso diciendo que nuestro amigo Lafargue y otros, que han suprimido las nacionalidades, nos hablaban en francés, es decir, en una lengua incomprensible para las 9/10 partes de la reunión. Luego di a entender que Lafargue, sin darse el mismo cuenta de ello, entendía por negación de las nacionalidades, al parecer, su absorción por la ejemplar nación francesa» (Obras Completas, tomo XX, pág. 430).

Esto que ya decía Marx y que Lenin lo repite, cuántas veces no hemos podido observarlo nosotros, los socialistas vascos, tratando con españoles o franceses. Ambas naciones se creen aún hoy en día la nación ejemplar y  sobreentienden «internacionalismo» como absorción de los vascos, catalanes, bretones, etc., por España o por Francia. Su absurdo chovinismo es tal que se hace imposible el tratar con esos «socialistas» hispanistas o galos.

Comentado esto dirá Lenin:

«La posición de Marx en este problema está expresada con la mayor claridad en los siguientes fragmentos de sus cartas:

«He tratado de suscitar por todos los medios una manifestación de los obreros ingleses a favor del  denianismo... Antes, yo consideraba imposible la separación de Irlanda de Inglaterra. Ahora la considero inevitable>». (Obras Completas, T. XX, p. 462).

Como se ve, Marx apoyaba al movimiento separatista irlandés, pues bien sabía que la opresión nacional es una de las formas mas patentes de la opresión social. Y nosotros como socialistas vascos, propugnamos abiertamente por la separación de Euskadi de España, y con esta tesis, no sólo somos bastante más internacionalistas que el P.S.O.E., sino que además estamos en la ortodoxa línea del socialismo marxista.

Comenta Lenin:

«Y Marx, al hacer aprobar en la Internacional una resolución de simpatía hacia la "nación irlandesa", hacia "el pueblo irlandés" (¡el inteligente L. V, haría seguramente trizar a Marx por haber olvidado la lucha de clases!) propugna la separación de Inglaterra». (Obras Completas, tomo XX, pág. 465).

Nihil novum sub soie dirá un socialista vasco, también los socialistas españoles, incluyendo entre ellos los socialistas imperialistas del P.S.O.E. en Euskadi, se hacen trizar cuando reclamamos para nuestro pueblo el mismo derecho, que ellos pretenden ser inalienable para España. Y, mutatis mutandis, lo mismo no pasa con la Euskadi sometida al imperialismo francés.

En su escrito sobre «La Revolución Socialista y el Derecho de las Naciones a la Autodeterminación» dice Lenin:

«El socialismo triunfante debe implantar necesariamente la democracia completa y, por consiguiente, no sólo hacer efectiva la plena igualdad de derechos de la naciones oprimidas, también convertir en realidad el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas, es decir, el derecho de libre separación política. Los partidos socialistas que no demuestren con roda su actividad, tanto hoy como durante la revolución y después de triunfar ésta, que liberarán a las naciones oprimidas y establecerán con Elías relaciones basadas en la libre alianza — y las libre alianza no es más que una frase embustera sin la libertad de separación —, esos partidos cometerán una traición al socialismo». (Obras Completas. t.. XX, p. 1551.

Esto nos hace que aún hace poco había ingenuos nacionalistas vascos de tendencia mis o menos (mas bien menos que más) izquierdista, que pensaban que la sección vasca del partido socialista español iba ¡al fin! A convertirse en un partido socialista vasco autocéfalo. ¡Ingenuos! La socialdemocracia española es un tipo de imperialismo (¡y no mejor que otros!) en Euskadi.

Dice Lenin:

«El derecho de autodeterminación de las naciones significa exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político, á la libre separación poli-tica de la nación opresora. Concretamente, esta reivindicación de la democracia política significa la plena libertad de agitación en pro de la separación, y de que ésta sea decidida por medio de un referéndum de la nación que desea separarse». (Obras Completas, t. XXII, p. 158).

Quizá esto convendría recordárselo no sólo a los socialistas españoles, sino también a aquéllos que se reclaman de Lenin, quienes aún no han aprendido que Navarra forma parte de Euskadi... ¡y que no decir de la Rioja! Lenin en cambio reclamaba el derecho de agitación y propaganda para abrir los ojos del proletariado de los pueblos oprimidos. Ya que una de las características de la opresión suele ser la del embrutecimiento nacional..., en la que parte de los oprimidos ni se dan cuenta de la ignominia que el estado explotador lleva a cabo con ellos.

Como, sin el derecho a la separación, es una huera palabra el derecho que se reconoce en abstracto a los demás pueblos, añade Lenin:

«El proletariado de las naciones opresoras no puede limitarse a frases generales y estereotipadas, repetidas por cualquier burgués pacifista, contra las anexiones y en favor de la igualdad de derechos de las naciones a abstracto. El proletariado no puede guardar silencio acerca de la cuestión, particularmente "desagradable" para la burguesía imperialista, de las fronteras del Estado basado en la opresión nacional. El proletariado no puede dejar de luchar contra la retención violenta de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado dado, y eso significa luchar por el derecho a la autodeterminación. El proletariado debe reivindicar la libertad de separación política para las colonias y naciones oprimidas por "su" nación. En caso contrario, el internacionalismo del proletariado quedará en un concepto huero y verbal; resultarán imposibles la confianza y la solidaridad de clase entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora; quedará sin desenmascarar la hipocresía de los defensores reformistas y kautskistas de la autodeterminación, que no hablan de las naciones oprimidas por "su propia" nación y retenidas por la violencia en "su propio" Estado» (XXI, p. 160).

Aun hace poco nos dicen, creo de buena fe, que los obreros españoles en Euskadi comentaban que los socialistas vascos anteponían la liberación nacional y se unían a los "burgueses" vascos en su lucha, antes que a los proletarios españoles. No sé si clasificar de cándida o de mal intencionada una tal formulación... pues la culpa de ello no está en el lado vasco, sino evidentemente en el español. Para un pueblo nacionalmente oprimido, es imposible entrever otra posibilidad de liberación social que la que vaya unida a la liberación nacional. Y es obligación internacionalista del proletariado español el sostener una tal reclamación. Mientras el proletariado español haga causa común con la opresión española (o francesa) en Vasconia, la falta de política proletaria está en el lado español. En tales circunstancia es más progresista un burgués vasco (por muy reaccionario que pueda ser) que un proletario español... pues el ser imperialista (aunque no lo afirmen o lo reconozcan) es por parte del proletariado español la máxima burla del internacionalismo. Así que ya Marx mismo lo decía y Lenin lo comenta:

«Marx, teniendo en cuenta sobre todo los intereses de la lucha de clase del proletariado en los países avanzados, destacaba al primer plano el principio fundamental del internacionalismo y del socialismo: el pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre». (XXII, p. 162).

Así que, si los españoles y franceses oprimen al pueblo vasco, su internacionalismo es una huera palabrería... y su pretensión chovinista no es mejor que la del reaccionario de la extrema derecha patriotera. Y esto vale tanto para el P.S.O.E., como para el P.C. Español, para los partidarios de Bakunin, como para la S.F.I.O. y el P.C. francés. Su internacionalismo no es más que un manto tras el que se oculta un descarado y desvergonzado españolismo anti-vasco. Nosotros, los nacionalistas vascos, somos lo verdaderos internacionalistas socialistas.

«Precisamente —dice Lenin— en el siglo XX se han desarrollado en ellos de modo singular los movimientos nacionales democrático-burgueses, y se ha exacerbado la lucha nacional. Las tareas del proletariado de esos países, tanto en la culminación de sus transformaciones democrático-burgueses como en la ayuda en la revolución socialista de otros Estados, no pueden ser cumplidas sin defender el derecho de las naciones a la autodeterminación. En ellos es singularmente difícil e importante la tarea de fundir la lucha de clase de los obreros de las naciones opresoras y de los obreros de las naciones oprimidas». (XXII, p. 164).

 Leyendo a Marx y Lenin y, luego, viendo en la práctica la forma en que actúan en Francia y España aquellos que se dicen sus discípulos, se pregunta uno si los tales socialistas (?) y comunistas (?) en el jamás de los jamases abrieron un libro de Marx y de Lenin. Tal es la aberración social-imperialista que tenemos que sufrir los vascos de esos innobles discípulos de tan preclaros maestros no es de extrañar que el P.C. francés se haya convertido en una masa informe que sólo sepa danzar al son de la batuta extranjera; que el P.C. español jamás llegase a tener fuerza... y de las caricaturas de partidos socialistas que representan hoy el P.S.O.E. y la S.F.F.O. mas vale ni hablar, de tales lacayuelos de la burguesía.

Lenin ya dice de ellos:

«Por una parte, vemos a los lacayos bastante descarados de la burguesía que defienden las anexiones, alegando que el imperialismo y la concentración política son progresivos, y que niegan el derecho de autodeterminación, calificándolo de utópico, ilusorio, pequeñoburgués» (XXII. p. 165)

Y resulta que esos partidos modelos de naciones «modelos» como la francesa y la española, han heredado de la burguesía y del absolutismo todos los vicios patrioteros de los que no pueden desprenderse. Así también ellos son, al igual que sus burguesías y sus respectivas naciones, «ente modelos» que deben servir de ejemplo al mundo entero. El centralismo francés que nació bajo el absolutismo es contrario a todo pensamiento socialista, y pretender que el socialismo deba ser centralista a la francesa es una aberración chovinista. El centralismo francés, su jacobinismo, no son nada progresistas... son tan vanos y jactanciosos como la patriotería de sus generalitos y generalotes.

Estos partidos son, como una vez más, muy bien dice Lenin:

«Por igual oportunistas que prostituyen el marxismo, pues han perdido toda capacidad para comprender la importancia teórica y la esencia práctica de la táctica de Marx, explicada por él con el ejemplo de Irlanda». (XXII, p. 166).

Comentando Lenin las tesis sobre el desarme dice. dirigiéndose a Rosa Luxemburg:

«De ella se deduce asimismo la indiferencia, más estúpida todavía y claramente reaccionaria, ante los movimientos nacionales. Esa indiferencia, se convierte en chovinismo cuando los miembros de las "grandes" naciones europeas, declaran con aire de sabihondos: "¡No puede haber ya ninguna guerra nacional!". Las guerras nacionales contra las potencias imperialistas no sólo son posibles y probables sino también inevitables y progresivas, revolucionarias, aunque, claro está, para que tengan éxito es imprescindible aunar los esfuerzos de un inmenso número de habitantes de los países oprimidos... o que se dé una conjugación especialmente favorable de la situación internacional (por ejemplo, paralización de la intervención de las potencias imperialistas como consecuencia de su agotamiento, de su guerra, de su antagonismo, etc.), o la insurrección simultánea del proletariado de una de las grandes potencias contra la burguesía». (XXII, p. 335, 336).

Esto convendría una vez recordárselo a los socialoimperialistas de todos los matices de izquierda que se abrigan en partidos españoles y franceses. Su sabihondez pretenciosa habla de su falta de internacionalismo, de su espíritu lacayuno y rastrero ante la burguesía imperialista.

Lenin, con una lógica irreprochable, pone en claro el cinismo de las llamadas «grandes» naciones... o etnias opresoras. En muchos casos, esas etnias opresoras llamadas «grandes» naciones no suelen ser mayores que algunos de los pueblos por Elías oprimidos. Lenin pone el dedo en la Haga cuando trata del problema de la secesión de los pueblos minoritarios e insiste en que los socialistas han de combatir por que tal derecho les Sea concedido a los pueblos oprimidos. Sin el derecho de separación el derecho de autodeterminación es una hipocresía. Para alcanzar el derecho de secesión, dice Lenin que los pueblos oprimidos tienen razón en aplicar la guerra justa de liberación nacional.

«Surge una pregunta: ¿pueden los social-demócratas ser enemigos de la violencia en general? Está claro que no. Entonces, no estamos contra las anexiones porque representan una violencia. sino por alguna otra cosa. De la misma manera que los social. demócratas no pueden ser partidarios del status quo. Por muchas vueltas que se le dé, no podréis rehuir la conclusión: la anexión es una violación de la autodeterminación de las naciones, es la delimitación de las fronteras de un Estado en contra de la voluntad de la población». (XXII, p. 353).

No hay duda que en nuestro caso la inclusión de Vasconia en los límites del Estado español o del Estado francés es una tal violación, es evidentemente una violación del pueblo vasco, es un escarnio a la democracia, un insulto de los sagrados derechos de la humana criatura.

Sigue Lenin diciendo:

«Ser enemigo de las anexiones significa estar en favor del derecho de autodeterminación: Estar "contra la retención violenta de cualquier nación dentro de las fronteras de un Estado dado"... es lo mismo que estar en favor de la autodeterminación de las naciones». (XXII, p. 353).

Para que estas palabras no sean puro cinismo, corno nos pasa a nosotros en Vasconia con las izquierdas colonialistas, que en tanto que francesas o españolas son tan colonialistas y cínicas como los partidos anexionistas de derecha, añade Lenin:

«Si un partido socialista declara que está "contra la retención violenta de una nación oprimida dentro de las fronteras del Estado anexionista", ese partido se compromete, con ello, a renunciar a la retención violenta cuando llegue al poder». (XXII, p. 354). Muy poco tenemos los vascos que esperar de socialistas como Guy Mollet y otros belicistas, así como de partidos pseudo-socialistas y pseudo-comunistas, que aun proclamándose partidos de vanguardia tan sólo saben ir a remolque de los hechos. Nada más contrario al espíritu de vanguardia que sólo saber tornar posiciones cuando no queda otro remedio.

Los comunistas revisionistas españoles no se han tomado el trabajo de leer a Lenin... y han seguido a todo momento con su trayectoria chovinista de gran potencia, no sólo antes de la guerra del 36, sino aún después de la derrota. Así redujeron al llamado "Partido Comunista de Euskadi" a ser una simple sección del partido comunista de España, en el que el nombre de "Euskadi" no tiene otro sentido que el que podría tener el de "provincia de Córdoba". Todo ello es pues una posición anti-leninista, anti-internacionalista y francamente en pugna con los altos ideales que debe defender un partido del proletariado.

Aún hoy nos vienen con "autonomías" con tal de dar satisfacción a los sentimientos imperialistas de las castas burguesas españolas. En esto en nada se diferencian, de los fascistas. Parece que ignoran a Lenin, quien decía: «Una nación "autónoma" no tiene los mismos derechos que la nación "dominante"». (XXII, pág. 370).

Y los "comunistas" españoles nos quieren tener siempre bajo la bota de alguien, de la burguesía o del "proletariado", con tal de que sea español. Y nosotros decirnos a una conducta tan anti-marxista, rotundamente: NO. Para estar sometidos a la bota de otros NO. Ni aun de un supuesto Estado proletario, en el que el proletariado engañado seguiría a una casta con un chovinismo pequeño-burgués.

No queremos autonomía, no queremos estatuto: queremos independencia, y para ello necesitamos separarnos de Francia y de España. Que esto quede bien claro a los chovinistas que se esconden en los partidos "socialistas" y "comunistas" hispano y galos. Refiriéndose a Noruega decía Lenin:

«La Noruega autónoma, como parte de Suecia, gozaba, hasta 1905 de la más amplia autonomía, pero no tenía derechos iguales a Suecia. Sólo su libre separación reveló de hecho y demostró su igualdad de derechos (agreguemos, entre paréntesis, que fue precisamente esta libre separación la que creó las bases para un acercamiento más estrecho y más democrático, asentado en la igualdad de derechos). Mientras Noruega era únicamente autónoma, la aristocracia, sueca tenia un privilegio más, que con la separación no fue debilitado (la esencia del reformismo consiste en atenuar el mal, pero no en eliminarlo) sino eliminado por completo (lo que constituye el exponente principal del carácter revolucionario de un programa)». (XXII, pág. 370).

Esta opresión, esa incomprensión a las justas reclamaciones que sentimos los pueblos oprimidos por el imperialismo pseudo-proletario, además del burgués, no es que nos afecte a nosotros únicamente y que por ello protestemos. Lenin consideraba que era primordial la lucha en favor de los pueblos oprimidos.

«El centro de gravedad de la educación internacionalista de los obreros de los países opresores tiene que estar necesariamente en la prédica y en la defensa de la libertad de separación de los países oprimidos. De otra manera, no hay internacionalismo. Tenemos el derecho y el deber de tratar de imperialista y de canalla a todo social-demócrata de una nación opresora que no realice tal propaganda». (XXII, pág. 373).

Según estas claras palabras del gran Vladimir Ilyich Ulyanow, nosotros los vascos, no sólo tenemos el derecho de llamar canallas a los partidos social-demócratas... sino que debemos hacerlo.

Decía Lenin:

«Para ser socialdemócrata internacionalista hay que pensar no sólo en la propia nación, sino colocar por encima de ella los intereses de todas las naciones, la libertad y la igualdad de derechos de todas. "Teóricamente", todos están de acuerdo con estos principios; pero, en la práctica, revelan precisamente una indiferencia anexionista. Ahí está la raíz del mal». (XXII, pág. 373).

En una carta a Kautsky le dice:

«Las antipatías nacionales no desaparecerán tan pronto, el odio —completamente legítimo— de la nación oprimida a la nación opresora continuará existiendo durante cierto tiempo; sólo desaparecerá después de la victoria del socialismo y después de la implantación definitiva de relaciones plenamente democráticas entre las naciones». (XXII, pág. 380).

Así que si en el lado del proletariado vasco hay odio hacia la nación opresora, es decir España o Francia, odio que Lenin lo califica de completamente legítimo la culpa de ello no es de los vascos. La culpa está no sólo en las burguesías española y francesa —de éstas ¡qué se podrá esperar!— sino igualmente serán culpables esos partidos revisionistas que proclamándose "comunistas" hacen burla de los principios básicos del marxismo-leninismo.

¿Que somos separatistas? Sí, queremos un derecho que nos es natural... no somos anti-nadie pero somos vascos. No queremos ser explotados, ni explotar a nadie. Es de un cinismo desvergonzado insinuar, como lo hacen los socialistas y los revisionistas, que con la proclamación del derecho de autodeterminación y separación, que es un derecho natural de todo grupo humano, estarnos haciendo política "racista" o "segregacionista"... quienes segregan a los obreros españoles inmigrados en Euskadi... son aquellos que no les enseñan a estos inmigrantes, hijos de una nación opresora... cuáles son sus obligaciones internacionalistas, cuáles son los derechos naturales de un pueblo oprimido... y que ellos deben respetar. Quien no hace tal propaganda entre los obreros de las naciones opresoras, especialmente cuando estos obreros se desplazan a vivir entre las naciones oprimidas, quienes por omisión de tal obligación internacionalista están efectuado objetivamente una política imperialista son los partidos de "vanguardia". ¿Qué otra mentalidad podrían traer estos obreros inmigrados que la que les dieron en las escuelas burguesas? Si la burguesía es imperialista, anti-vasca, partidaria del genocidio ¿qué ideas puede tener el proletariado que las de su burguesía, si no hay un partido de vanguardia que les eduque? Es que no sigue teniendo valor la frase de Marx y Engels de que "las ideas dominantes de una época han sido siempre las ideas de la clase dominante"? Mientras un partido de vanguardia no cumpla con su deber, que en esta caso consiste en educar a los obreros, hijos de la nación opresora, los obreros que están alienados, son objetivamente considerados, brazos ejecutores de los designios del imperialismo. Esto lo hemos podido observar en Argelia, donde obreros, trabajadores con ideas justas en otros campos de la cultura, hicieron causa común con los imperialistas franceses oponiéndose a las justas reclamaciones del pueblo argelino.

Tiene razón Mao Tse-tung al decir que la fuerza revolucionaria ha pasado a los pueblos oprimidos por el imperialismo.

Lenin escribía refiriéndose a la insurrección irlandesa de 1916:

«Los puntos de vista de los enemigos de la auto-determinación llevan a la conclusión de que se ha agotado la vitalidad de las naciones pequeñas oprimidas por el imperialismo, de que no pueden desempeñar ningún papel contra el imperialismo, de que el apoyo a sus aspiraciones puramente nacionales no conducirá a nada, etc. La experiencia de la guerra 1914-16 regata de hecho semejantes conclusiones». (XXII, pág. 381).

Porque en Vasconia es todo un pueblo el que protesta contra el colonialismo de España y de Francia son posibles esas manifestaciones de masas, que hasta hoy no ha sido capaz de organizar ningún partido en España. Pero esto no es nada nuevo, ya Lenin lo sabía:

«La revolución socialista en Europa no puede ser otra cosa que una explosión de la lucha de masas de todos y cada uno de los oprimidos y descontentos.

En ella participarán inevitablemente partes de la pequeña burguesía y de los obreros atrasados —sin esta participación no es posible una lucha de masas, no es posibles ninguna revolución — que aportarán al movimiento, también de modo inevitable, sus prejuicios, sus fantasías reaccionarias, sus debilidades y sus errores. Pero objetivamente atacarán al capital». (XXII, pág. 384).

Y sigue Lenin:

«La lucha de la naciones oprimidas en Europa (y es el mismo Lenin quien lo subraya, N.B. de F.S.) capaz de llegar a insurrecciones y batallas de calle, de quebrantar la férrea disciplina de las tropas y el estado de sitio, esta lucha "exacerbará la crisis revolucionaria en Europa" con una fuerza incomparablemente mayor que una insurrección mucho más desarrollada en una colonia lejana. El golpe asestado a la burguesía imperialista por la insurrección en Irlanda tiene una importancia política cien veces mayor que otro golpe de igual fuerza en Asia o en África. (XXII, pág. 384).

Pero los chovinistas de las naciones occidentales opresoras siempre parlotean de sus pueblos opresores y de sus proletariados, aunque ellos mismos no han sido, hasta ahora, capaz de hacer la revolución socialista. Así que seguimos copiando a Lenin:

«La dialéctica de la Historia es tal, que las pequeñas naciones, importantes como factor independiente en la lucha contra el imperialismo, desempeñan su papel como uno de los fermentos, como uno de los bacilos que ayudan a que entre en escena la verdadera fuerza contra el imperialismo: el proletariado socialista». (XX, pág. 385).

No se deberá creer que Lenin predicaba únicamente para los demás y se olvidaba de Rusia. Así son varios los lugares donde reclama el derecho de autodeterminación para Finlandia, Polonia, Ucrania, etc.

«Si Finlandia, Polonia, o Ucrania se separan de Rusia, no hay ningún mal en ello. ¿Qué mal puede haber? Quien lo afirme es un chovinista.

¡No pueblo ruso, no te atrevas a avasallar a Finlandia: el pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre!». (XXIV, pág. 27).

En un informe presentado al VII Congreso del P.C. bolchevique de Rusia dice:

«Cuando el camarada Bukharin decía: "Se puede reconocer este derecho a algunos", anoté que en su lista figuraban los hotentotes, los bosquimanos y los hindúes. Oyendo esta enumeración pensaba ¿cómo ha podido el camarada Bukharin olvidarse de una pequeñez, de los bashkires? En Rusia no existen bosquimanos, tampoco he oído que los hotentotes hayan pretendido una república autónoma, pero tenemos bashkires, kirguizes y toda una serie de otros pueblos a quienes no podemos negarles este reconomiento. No podemos negárselo a ninguno de los pueblos que viven dentro de las fronteras del antiguo imperio ruso». (Obras Selectas, tomo III, pág. 199). .

Y así plantea la cuestión Lenin en su justos términos. Se opone a toda una serie de pseudo-revolucionarios imperialistas, que bajo el manto del comunismo querían —y lamentablemente aún hay muchos en Europa occidental que siguen queriendo— practicar un descarado colonialismo contra las etnias oprimidas dentro de los Estados actuales.

Estos falsos revolucionarios siempre trastocan los términos, se oponen a la autodeterminación de los pueblos oprimidos, diciendo que ellos ignoran las «patrias» (aunque de hecho no ignoren la propia si es imperialista) y que sólo luchan por la autodeterminación de la clase obrera. Por ello Lenin se oponía a tales embarulladores. Nada de autodeterminaciones de la clase obrera; lo cual es falso y es únicamente una manera «aparentemente revolucionaria» de querer hablar, cuando lo que en realidad lo que se está pretendiendo es eludir el problema, y lo que se pretende es proseguir con la política imperialista y colonialista de la burguesía explotadora. Por eso Lenin dice:

«Nuestro programa no debe hablar de autodeterminación de los trabajadores, porque es inexacto. Debe decir las cosas como son. Y por cuanto las naciones se encuentran en diferentes etapas del camino que va del régimen medieval a la democracia burguesa y de la democracia burguesa a la proletaria, esta tesis de nuestro programa es absolutamente exacta. En este camino hemos tenido muchos zig-zags. Cada nación debe obtener 'el derecho a la autodeterminación, y esto contribuye a la autodeterminación de los trabajadores». (Obras selectas, tomo III, pág. 202).

No es la primera vez que los vascos estarnos proclamando que la liberación social de nuestra clase obrera sólo se puede efectuar en consecuencia y en función de la liberación nacional del pueblo vasco. Sin liberación nacional, no hay liberación social posible, como muy bien dice Lenin; per como quieren negarlo los epígonos de los partidos comunistas de España y Francia, que en su ofuscación chovinista hacen una política que en nada se diferencia de la del imperialismo burgués. Son tan opresores de las etnias sometidas al colonialismo en Europa, como puedan serlo los expoliadores burgueses.

Por ello Lenin ponía en claro:

«Sin dijéramos que no reconocemos ninguna nación finlandesa, sino únicamente a las masas trabajadoras, diríamos el mayor de los absurdos. No se puede dejar de reconocer lo que existe: la realidad se impone por sí misma. El deslindamiento de los campos entre el proletariado y la burguesía, sigue vías peculiares en los distintos países. En este camino tenemos que actuar con la máxima prudencia. En especial en relación a las diferentes naciones, porque nada peor que la desconfianza de una nación». (Obras selectas, tomo III, pág. 202).

De la desconfianza que todo partido cuyo mando superior esté en Madrid tenemos los vascos, nunca se han preocupado nuestros «vanguardistas». Como el deslindamiento entre el proletariado y la burguesía es en cada país diferente, el querer imponernos a los vascos un tipo de socialismo español o francés, es, a todas luces, un ejemplo de imperialismo. Lenin era consecuente en su pensamiento, sin pararse en querer llamar país» el Estado, como pretenden hoy algunos comunistas jacobinos de Occidente. Lenin no consideraba que todo territorio que estuvo dentro de los límites del impero zarista era un mismo país.

«En las Repúblicas del Cáucaso, a diferencia de la RSFSR, es posible y necesaria una transición más lenta, más cautelosa, más sistemática hacia el socialismo. Esto esa lo que hay que comprender y saber aplicar a diferencia de nuestra táctica.

Nosotros hubimos de abrir la primera brecha la muralla del capitalismo mundial. Esta brecha esta abierta. Hemos defendido nuestra existencia en una guerra furiosa, sobrehumana, ardua y difícil, en una guerra cruentísima contra los blancos, los socialrevolucionarios y los mencheviques, apoyados por toda la Entente, por el bloqueo de ésta y por su ayuda militar...

No debéis copiar nuestra táctica, sino analizar por cuenta propia las causas de su peculiaridad, las condiciones y los resultados de esta táctica, aplicando en las condiciones locales no la letra, sino el espíritu, el sentido, las lecciones que brinda la experiencia del período 1917/1921. En el terreno económico, debéis apoyaros inmediatamente en el intercambio con el mundo capitalista, sin regatear: no importa que grandes cantidades de minerales muy valido vayan a parar a sus manos». (XXXII, pág. 297).

Este problema, el de la Justicia y del respeto que deben observar las naciones opresoras que se dicen socialistas con respecto de las naciones oprimidas le preocupó hondamente a Wladimir I. Ulyanow. Tanto que aun durante el tiempo de convalecencia durante la enfermedad que le iba a llevar prematuramente a la tumba, redactó una serie de notas en las que se quejaba contra muchos errores, muchos claros ejemplo de chovinismo gran ruso que por parte de los dirigentes comunistas de su tiempo, entre sus propios compañeros, se estaban infiltrando. En la euforia revolucionaria de la lucha contra el imperialismo, en la época de la inmediata victoria, se hacía patente de nuevo una llama de chovinismo centralista que no respetaba los derechos de los pueblos oprimidos, por lo que los mejores hijos de estos pueblos hubieron combatido al lado de las fuerzas revolucionarias bolcheviques. Lenin, quien con una atención cada vez más fija contemplaba esta degeneraciones, quiso aun en los último días de su vida, redactar notas para que el mal que estaba infiltrándose en las líneas de los propios comunistas fuese eliminado.

En este sentido pudiéramos decir que estas notas de Lenin están escritas con su propia sangre, son como un testamento del gran revolucionario. Para combatir contra esos males no dudó en acortar su vida, quitándote el reposo que necesitaba. Los chovinistas, bajo el manto del comunismo, que estaban en torno del gran jefe de la Revolución, no comprendían el gran valor humano que representaba este trabajo, arrancado por Lenin a su propia vida.

Así que creemos que merecen citarse esta páginas testamentales en su integridad.

«ACERCA DEL PROBLEMA DE LAS NACIONALIDADES o DE LA CUESTION DE LA "AUTONOMIA".

Me parece que he incurrido en una grave culpa ante los obreros de Rusia por no haber intervenido con la suficiente energía y dureza en el famoso problema de la autonomía, como oficialmente se denomina, creo, el problema de la unión de las repúblicas socialistas soviéticas.

Este verano, cuando surgió el problema, yo me encontraba enfermo, y luego en el otoño, confié demasiado en mi restablecimiento y en los "Plenos" de octubre y diciembre me iban a brindar la oportunidad de intervenir en el problema. Pero no pude asistir ni al "Pleno" de octubre, ni al de diciembre, por lo que no he llegado a tocarlo en absoluto. He podido sólo conversar con el camarada Dzerzhinski, que ha vuelto del Cáucaso y me ha contado cómo se halla este problema en Georgia. También he podido cambiar un par de palabras con el camarada Zinoview y expresarle mis temores al particular. Lo que me ha dicho el camarada Dzerzhinski, que presidía la comisión enviada por el Comité Central para "investigar" el incidente de Georgia, no ha podido menos que dejarme con los temores más grandes. Si las cosas se pusieron de tal modo que Ordzhonikidze pudo llegar el. empleo de la violencia física, según me ha manifestado el camarada Dzerzhinski, podemos imaginarnos en qué charca barrizal hemos caído. Al parecer, todo este asunto de la "autonomía" era falso de raíz e intempestivo. Se dice que era necesaria la unidad del aparato. ¿De dónde han partido esas afirmaciones? ¿No habrá sido de ese mismo aparato ruso que, como indicaba ya en uno de los números anteriores de mi diario, hemos tomado del zarismo, habiéndonos limitado a untarlo ligeramente con los óleos soviéticos? Es. indudable que se debería demorar la aplicación de esta medida hasta que pudiéramos decir que respondemos de nuestro aparato como algo propio. Por ahora, en conciencia, debernos decir lo contrario, que nosotros llamamos nuestro a un aparato que en realidad nos es aún ajeno por completo y constituye una mezcolanza burguesa y zarista que no ha habido posibilidad alguna de superar en cinco años, sin ayuda de otros países, y en muchos momentos en que predominaban las "ocupaciones" militares y de lucha contra el hambre.

En estas condiciones es muy natural que la "libertad de separarse de la unión", con la que nosotros nos justificamos, sea un papel mojado incapaz de defender a los pueblos alógenos de Rusia de la invasión del "ruso genuino", del gran ruso chovinista, en el fondo un hombre miserable y dado a la violencia como es el típico burócrata ruso. Es indudable que el insignificante porcentaje de obreros soviéticos y sovietizados se hundiría en ese mar de inmundicia chovinista rusa corno la mosca en la leche.

En defensa de esta medida se dice que han sido separados los Comisariados del Pueblo cuya actividad está directamente relacionada con la psicología de las nacionalidades, con la instrucción de las nacionalidades. Pero a este respecto nos viene una pregunta, la de si es posible separar estos Comisariados por completo, y una segunda pregunta, la de si hemos tomado medidas con la suficiente solicitud para proteger de veras a los no-rusos del esbirro, genuinamente ruso. Yo creo que no las hemos tomado, aunque pudimos y debimos hacerlo.

Yo creo que en este asunto han ejercido una in-fluencia fatal las prisas y los afanes administrativos de Stalin, así como su saña contra el famoso "social-nacionalismo". De ordinario la saña siempre ejerce en política un papel desastroso

 Temo igualmente que el camarada Dzerzhisnki, que ha ido al Cáucaso a investigar el asunto de los "delitos" de esos "socialnacionalistas", se haya distinguido en este caso también solamente por sus tendencias puramente rusas (sabido es que los no rusos rusificados siempre exageran en sus tendencias y manías puramente rusas) y que la imparcialidad de la comisión se caracterice suficientemente por el "guantazo" de Ordzhonikidze. Creo que ninguna provocación, incluso, ninguna ofensa, puede justificar ese guantazo ruso, y que el camarada Dzerzhinski es irremediablemente culpable por haber reaccionado ante ello con excesiva ligereza.

Para todos los demás ciudadanos del Cáucaso, Ordzhonikidze representaba la autoridad. Ordzhonikidze no tenía derecho a dejarse llevar por la irritación a la que él y Dzerzhinski se remiten. Al contrario, Ordzhonikidze estaba obligado a comportarse con un comedimiento que no se puede pedir a ningún ciudadano ordinario, tanto más si éste es acusado de un delito "político". Y la realidad es que los socialnacionalistas eran ciudadanos acusados de un delito político, y todo el ambiente en que se produjo esta acusación no podía calificarlo de otra forma.

A este respecto se plantea el importante problema de principio: cómo comprender el internacionalismo.

En mis obras acerca del problema nacional he escrito ya que el planteamiento abstracto del problema del nacionalismo en general no sirve para nada. Es necesario distinguir entre el nacionalismo de la nación opresora y el nacionalismo de la nación oprimida, entre el nacionalismo de la nación grande y el nacionalismo de la nación pequeña:

Con relación al segundo nacionalismo, nosotros los integrantes de una nación grande, casi siempre somos culpables, como lo demuestra la experiencia histórica, de infinitos actos de violencia; e incluso más todavía: sin darnos cuenta, cometemos infinito número de actos de violencia y de ofensas. No tengo más que evocar los recuerdos de mi estancia en las regiones del Volga para poder mostrar con qué menosprecio se trata a los alógenos, que la única manera de llamar a los polacos es "poliachishka", que para burlarse de los tártaros siempre se les llama "príncipes", al ucraniano se le llama "khokhol" y al georgiano y demás naturales del Cáucaso los llaman "hombres del Cáucaso".

Por eso, el internacionalismo por parte de la nación opresora, o de la llamada nación "grande" (aunque sólo sea grande por sus violencias, sólo sea grande como lo esa un esbirro), no debe consistir solamente en respetar la igualdad formal entre las naciones, sino también en observar una desigualdad que, de parte de la nación opresora, de la grande nación, compense la desigualdad que prácticamente se produce en la vida. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido la posición verdaderamente proletaria ente el problema nacional; en d fondo sigue manteniendo el punto de vista pequeñoburgués, y por ello no puede menos de deslizarse a cada instante al punto de vista burgués.

¿Qué es importante para el proletariado? Para el proletariado es no sólo importante, sino una necesidad esencial, asegurarse, en la lucha proletaria, la máxima confianza de los componentes de otras nacionalidades. ¿Qué hace falta para eso? Para eso hace falta algo más que una igualdad formal. Para eso hace falta compensar de una manera o de otra, con su trato o con sus concesiones a las otras nacionalidades, la desconfianza, el recelo, las ofensas que en el pasado histórico les produjo el gobierno de la nación opresora.

Creo que no hacen falta más explicaciones ni entrar en más destalles tratándose de bolcheviques, de comunistas. Yo creo que, en este caso, con relación a la nación georgiana, tenemos un típico ejemplo de cómo la actitud verdaderamente proletaria exige de nuestra parte extrema cautela, delicadeza y transigencia. El georgiano que desdeña este aspecto del problema, que lanza desdeñosamente acusaciones de "socialnacionalismo" (cuando el mismo es no sólo un "socialnacional" auténtico y verdadero, sino un brutal esbirro ruso), ese georgiano lastima, en esencia, los intereses de la solidaridad proletaria de dase, ya que para nada son tan sensibles los ofendidos componentes de una nacionalidad como par el sentimiento de igualdad y para el menoscabo de esa igualdad por sus camaradas proletarios, aunque lo hagan por negligencia o en son de broma. Por eso, en este caso, es preferible exagerar en cuanto a las concesiones y a la suavidad para con las minorías nacionales que pecar por defecto. Por eso, en este caso, el interés vital de la solidaridad proletaria, por consiguiente, de la lucha proletaria de clase, requiere que jamás miremos formalmente el problema nacional, sino que siempre tomemos en consideración la diferencia obligatoria en la actitud del proletariado de la nación oprimida (o pequeña) hacia la nación opresora (o grande).

¿Qué medidas prácticas se deben tomar en esta situación?

Primero hay que mantener y fortalecer la unión de las repúblicas socialistas, sobre esto no puede haber duda. Lo necesitamos tanto nosotros mismos como lo necesita el proletariado comunista mundial para luchar contra la burguesía mundial y para defenderse de sus intrigas.

Segundo hay que mantener la unión de las repúblicas socialistas en cuanto al aparato diplomático, que, dicho sea de paso, es una excepción en _el conjunto de nuestro aparato estatal. No hemos dejado entrar en él ni a una sola persona de cierta influencia procedente del viejo aparato zarista. ¡Todo él, considerando los cargos de cierta importancia, se compone de comunistas! Por eso, este aparato se ha ganado ya (podemos decirlo rotundamente) el título de aparato comunista probado, limpio, de los elementos del viejo aparato zarista, burgués y pequeñoburgués, en un grado incomparablemente mayor, que aquel a que nos vemos obligados a recurrir en los otros Comisariados del Pueblo.

Tercero, hay que castigar ejemplarmente al camarada Ordzhonikidze (digo esto con gran sentimiento. porque figuro personalmente entre sus amigos y trabajé con él en la emigración), y también terminar de examinar o examinar nuevamente todos los mate-riales de la comisión de Dzerzhinski, con objeto de corregir el cúmulo de errores y de juicios apasionados que indudablemente allí hay. La responsabilidad política de toda esta campaña de verdadero nacionalismo ruso debe hacerse recaer, claro, sobre. Stalin y Dzerzhinski.

Cuarto, hay que implantar las normas más severas acerca del empleo del idioma nacional en las repúblicas de otras nacionalidades que forman parte de nuestra unión, y comprobar su cumplimiento con particular celo. No hay duda de que, con el pretexto de unidad de servicio ferroviario, con el pretexto de unidad fiscal, etc., tal como ahora es nuestro aparato, se deslizará un sinnúmero de. abusos de carácter genuinamente ruso. Para combatir esos abusos se necesita un especial espíritu de inventiva, sin hablar ya de la particular sinceridad de quienes se encarguen de hacerlo. Hará falta un código detallado, que sólo podrán redactar con éxito personas de la nacionalidad en cuestión y que vivan en su república. A este respecto, de ninguna manera debemos afirmarnos de antemano en la idea de que, como resultado de todo este trabajo, no haya que volver arras en el siguiente Congreso de los Soviets, es decir, de que no haya que mantener la unión de las repúblicas socialistas soviéticas sólo en los aspectos militares y diplomático, y restablecer en todos los demás la autonomía completa de los distintos Comisariados del Pueblo.

Debe tenerse presente que el fraccionamiento de los Comisariados del Pueblo y la falta de concordancia de su labor con respecto a Moscú y a los otros centros pueden ser bastante paralizados por la autoridad del Partido, si ésta se emplea con la suficiente dosis de discreción e imparcialidad; el daño que pueda sufrir nuestro Estado por la falta de aparatos nacionales unificados con el aparato ruso es, incalculablemente, infinitamente menor que el daño que representa no sólo para nosotros, sino para toda la Internacional, para los cientos de millones de seres de Asia, que debe avanzar al primer plano de la historia en un próximo futuro, después de nosotros. Sería un oportunismo imperdonable si en vísperas de esta acción del Oriente, y al principio de su despertar, quebrantásemos nuestro prestigio en él, aunque sólo fuese con la más pequeña aspereza e injusticia con respecto a nuestras propias nacionalidades alógenas. Una cosa es la necesidad de agruparse contra los imperialistas de Occidente, que defienden el mundo capitalista. En este caso no puede haber dudas, y huelga decir que apruebo incondicionalmente estas medidas. Otra cosa es cuando nosotros mismos caemos, aunque sea en pequeñeces, en actitudes imperialistas hacia las nacionalidades oprimidas, quebrantado con ello por completo toda nuestra sinceridad de principios, toda la defensa que, con arreglo a los principios, hacemos de la lucha contra el imperialismo. Y el mañana de la historia universal será el día en que se despierten definitivamente los pueblos oprimidos por el imperialismo, que ya han abierto los ojos, y cuando empiece la larga y dura batalla por su emancipación».

31.XII.22

Tomado taquigráficamente por M.V.

(Obras Selectas. tomo III. pág. 889 a 895

Este escrito es seguramente lo último que dictó el gran jefe de la Revolución Rusa. Muestra, por una parte, corno le preocupaba a Lenin el desarrollo que tomaba esta cuestión, debido a una recrudescencia del chovinismo granruso en las propias filas de los comunistas, y, por otra parte, cómo esta misma cuestión ha sido tergiversada por los comunistas chovinistas de Occidente. Cuantos problemas trata Lenin, en este escrito, y contra los que quería prevenir, los hemos visto aparecer en Occidente y en la propia Unión Soviética después de la muerte de Lenin.

Lenin con razón veía con recelo ese «izquierdismo» de ciertos comunistas alógenos que los lleva a ser traidores a su pueblo, so pretexto de internacionalismo... y llama a este pseudo-internacionalismo de los miembros de las etnias oprimidas, con su verdadero nombre. En el caso de Rusia se trataba de chovinismo ruso por parte de alógenos rusificados, como en el caso del Estado español hemos tenido ejemplos de chovinismo español por parte de los comunistas vascos españolizados.

También pone en claro Lenin que se debe tener mucho cuidado con esa conservación del aparato heredado del zarismo o de la burguesía. Así vemos que muchos creen que la administración centralizada del Estado burgués es en sí algo sagrado que debe ser mantenido por el régimen socialista.

Los hijos de las naciones opresoras tienen la maldita costumbre de condenar las justas reclamaciones de los pueblos oprimidos. Para ellos la única nación que tiene derechos dignos de ser respetados es la nación grande, la nación opresora. Lenin en cambio recuerda a los miembros de las" naciones grandes su deber internacionalista no sólo de respetar los derechos de los pueblos oprimidos, sino de compensar con una benévola tolerancia hasta los excesos.

Frente a esta justa posición de Lenin, ¡cómo destaca la posición chovinista del partido comunista (revisionista) español! Este es más españolista que la propia falange. Resulta que, en el Estado español, la nación dominante, está durante siglos practicando una política de genocidio, de embrutecimiento nacional de catalanes, gallegos y vascos, aplicando, como todo imperialista, el principio de «divide y vencerás» ... y los «comunistas» españoles siguen con la misma táctica. Los imperialistas españoles dividen a Vasconia, no ya solamente las dos mitades en que una frontera sobre el Pirineo corta a Vasconia en dos partes, sino que aun a cada lado. Así al Sur de los Pirineos, históricamente dividían a Vasconia en «Reino de Navarra» y «Provincias Vascongadas», por no contar los territorios étnicamente vascos que fueron roídos a la unidad vasca. A los territorios de nacionalidad (etnia) catalana, los dividen en Principado de Cataluña, en Reino de Valencia y en Mallorca... y los comunistas, ignorando el principio de las nacionalidades, continúan con esa subdivisión imperialista hispana. Para ello evidentemente aducirán que en Valencia hay muchos que se dicen no-catalanes, olvidándose que este sentimiento anti-nacional de los propios nacionales es, únicamente, el producto de la política alienatoria, que desaparece con el primer despertar de los pueblos sojuzgados contra la alienación.

En el País Vasco, nos aducirán que «Navarra no votó el estatuto», como si el Estatuto ha sido el hecho que determinase la existencia de la nación vasca o su autodeterminación, cuando el llamado «estatuto vasco-navarro» estuvo viciado por componendas de la política reaccionaria. De la Rioja, que pidió ser incluida en tal estatuto... en cambio ¡ni palabra! Tampoco está delimitada la unidad nacional vasca por las fronteras de las provincias Vascongadas y Navarra, ya que muchos territorios limítrofes se consideran vascos. Pero de todo esto nada saben los sociales demócratas imperialistas, ni los revisionistas. Ellos son, ante todo, hijos de la nación opresora... o alógenos alienados, desnacionalizados, que se han pasado de cuerpo y alma a la nación opresora.