LA BATALLA POR LA AMNISTIA (PARTE II)

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AMNISTIA, CAUSAS Y CONSECUENCIAS (II)

Ninguna de las palabras que utilizamos en el curso de los debates, análisis políticos y luchas sociales son ideológicamente neutrales. Fuera de la ideología, tales palabras pierden completamente su significado. Por lo tanto, al considerar cualquier concepto o término es posible proceder de varias maneras: o bien interpretarlo desde una posición que no penetra en sus fundamentos, o bien se intenta desnaturalizar, o se obvia, o bien se hace uso del método científico, que evidentemente no nos libera de la adhesión a una ideología, sino que nos obliga a pensar racionalmente y a situarnos en posiciones claras. Y precisamente de posiciones hay que hablar. El cese actual de la lucha armada de la organización ETA ha provocado la necesidad de retratarse respecto a un asunto que atañe al grupo de personas más desprotegidas del conflicto en Euskal Herria. Este sector son los presos políticos vascos y la cuestión en liza es la amnistía.

En este caso concreto, la amnistía, que sobre todo es un concepto político (no sólo jurídico), consigue colocar a cada cual en el lugar que le corresponde en el actual panorama político de nuestro país y esto es así porque la amnistía, al actuar sobre un acto cometido, lo libera de culpa, ya que se reconoce la existencia de una situación previa injusta, causante de una respuesta de motivación política o social colectiva. Con la amnistía por tanto, una pluralidad de personas que habían sido declarados culpables de uno o varias acciones pasan a considerarse inocentes por desaparición de la figura delictiva.

La amnistía, en definitiva, desenmascara a todos aquellos que niegan o intentan desdibujar bajo diversas explicaciones políticas que en Euskal Herria existe un problema de orden político y social y que esto ha traído consecuencias que hay que abordar. La amnistía se ha convertido en una batalla en donde cada actor asume un papel y actúa en consecuencia. Algunos la niegan, los estados opresores y los partidos españolistas, otros la degradan, precisamente quienes quieren superar el conflicto político pero despolitizan a los presos vascos y a una forma de lucha, queriendo quitarles su protagonismo para sacarlos de la vida política. Hay quien habla de abandonarla como objetivo político estratégico, centrándose en los derechos de los presos como fórmula para reconducir el proceso “de lo posible”, y finalmente, se encuentran los que la olvidan de manera interesada, los que ayer decían que: “una decisión colectiva de abandonar las armas por parte de la Organización y un acuerdo con los presos políticos de ETA, sacaría a éstos en poco tiempo”.

Haciendo un repaso histórico, la Constitución Española de 1978 trajo consigo la prohibición expresa de indultos generales y el ejercicio de la amnistía quedaba relegado a la iniciativa monárquica. A lo largo de todo este tiempo de reforma española, en Hegoalde se ha perseguido, por medio de un movimiento popular y político amplio en el que la Izquierda Abertzale ha puesto todo su empeño, relacionar la amnistía con la consecución de un cambio del marco jurídico-político que pusiera las bases de un desarrollo del derecho del Pueblo Vasco a su emancipación. Recordemos que, ya antes, el Gobierno Español redactó una ley trampa reflejada en la ley del 6 de octubre de 1977, en la que la amnistía fue en realidad una excarcelación que no abarcó a todos los disidentes políticos y fue aprovechada para imponer una autoamnistía, es decir, aplicar un tipo concreto de amnistía por la cual un estado decreta la amnistía para sí mismo en cuanto a los crímenes que los funcionarios estatales cometieron. []El fin de la autoamnistía por lo tanto era que no se pudieran levantar procesos contra los miembros del Estado que cometieron hechos delictivos y quedaran por tanto limpios de culpa.

En en Estado Español, la amnistía ha sido casi siempre una prerrogativa reservada al monarca. Ya en 1869, la constitución española exigía que el rey debía ser autorizado por una ley especial si quería ejercer el “derecho” de amnistía. Sin embargo, terminado el segundo levantamiento carlista, y como había sucedido en la primera insurrección de 1833, la nueva Carta Magna no incluyó el concepto de amnistía sino el de indulto. Este cambio originó que la salida de prisión o la vuelta del exilio de los carlistas vascos fuese condicionada a la aceptación de una serie de consideraciones, entre ellas el arrepentimiento, el reconocimiento de la nueva legislación y, en algunos casos, incluso la delación.

En la actualidad, y como en el pasado, hace algo más de dos años el Gobierno Español a través de su ministro de interior hizo pública su oferta (como en las insurreciones carlistas) para un proceso de “reinserción” de los presos políticos vascos, una readecuación actualizada de un chantaje histórico. En un primera fase, los presos políticos tendrían que “mostrar su voluntad de dejar atrás el terrorismo de forma clara, solemne y pública”, renunciar a ETA en un documento por escrito rompiendo de forma “clara y sólida con la organización a la que pertenecían” y participar en “aulas dirigidas a su educación en valores y formación laboral”. Todo ello sin necesidad de “pedir perdón”.

Una vez cumplida esa primera fase de acogerse al programa, “podría” abrirse una posibilidad de ser trasladados a cárceles “próximas a su domicilio” si cada preso cumple con ciertos requisitos añadidos: “petición de perdón”, “colaboración con la justicia” y “compromiso de satisfacer la responsabilidad civil”. Tras el cumplimiento de la segunda fase, además “podrían acceder a un grado penitenciario más flexible”. En los últimos tiempos desde el Ministerio de Interior se ha añadido repetidamente el mensaje de que “mientras ETA no se disuelva, no va a variar la política penitenciaria ni la dispersión de los presos”.

Por supuesto, PNV-UPN, en su linea habitual de colaboracionismo, valoraron positivamente y prestaron su apoyo. El Partido Nacionalista Vasco fue más allá. El regionalismo vascongado esperaba que las medidas del Gobierno de Madrid  se acompañasen con más medidas para “apuntalar el fin de ETA y consolidar la paz”.

El Estado Español y el Francés son conscientes de que la lucha por la emancipación de nuestro pueblo no ha terminado, esa es la razón precisamente por la que los estados insisten en arrebatar el carácter político e ideológico de todo preso encarcelado en relación a la lucha por la liberación nacional y social vasca y someter a la amnistía a un marcaje represivo profundo.

En la Izquierda Abertzale en general y los abertzales comunistas en particular debemos visualizar que, dado que el conflicto va a continuar, en el camino hacia la amnistía todo avance en la mejora de condiciones en las cárceles desde un punto de vista humanitario es deseable y por lo tanto, la lucha por la amnistía y los derechos de los presos debe complementarse y en ningún caso son contrapuestos. Por eso es y será positivo el surgimiento de cualquier grupo independiente que desarrolle la reivindicación de la amnistía y también es y será positivo toda iniciativa en defensa de los derechos de los presos.

Es evidente que nunca, por voluntad propia, los distintos gobiernos hispano-franceses darán marcha atrás a sus políticas carcelarias si no se crean unas condiciones de presión necesarias que así lo logren. Ni la reivindicación de amnistía de los presos ni las mejoras de sus condiciones de vida debe desaparecer del horizonte de lucha sino que necesitan inevitablemente estructurarse y hacerse visibles todavía más ya que, nuevamente se vislumbra, al igual que a finales de los 70, que ambas cuestiones sólo vendrán de la mano de una lucha popular y política consciente que necesitará elevar la presión hasta el límite requerido.

Sin embargo hemos de admitir que para poder forzar una amnistía se necesita una correlación de fuerzas, no sólo favorable, sino también amplia que hoy por hoy no se tiene. Ser conocedores de nuestra realidad y sabedores de nuestras fuerzas para abordar las tareas y plantearnos los objetivos nos ayudará a combinar el trabajo de lo táctico(exigencia de los derechos de las personas presas, como son la salida de los presos enfermos, ¾ partes de la condena cumplida..., ) y de lo estratégico, la amnistía como parte de la superación de las causas que generaron el conflicto político.

Las prioridades en los objetivos vienen marcadas inevitablemente en función de las fuerzas acumuladas. Por todo ello llamamos a acompañar, participar y a organizar y a seguir en el combate por la lucha de los derechos de los prisioneros políticos vascos hasta conseguir la ansiada amnistía.

Aprovechando el vacio existente de presión, la represión despolitizadora avanza implacable y se centra, en primer lugar, sobre los presos y presas políticas. Son los más vulnerables. Ellos representan la fuerza de la organización popular, la autoridad ética y moral ante nuestro pueblo y la voluntad de seguir luchando.

            Precisamente por lo dicho hasta ahora es por lo que nos marcamos la Amnistía, como objetivo político, y debemos dejar claro que esta es mucho más que la simple excarcelación de presos, o el regreso de exiliados, pues consiste, ademas, en la desaparición de las causas(opresión nacional y social), que dieron origen al conflicto, ahora bien la lucha por la AMNISTIA, y aquellas otras luchas en favor de medidas concretas que ayuden a mejorar las condiciones de vida de los presos, (acercamientos de estos a cárceles en Euskal Herria, concesiones de grados o permisos penitenciarios, libertad de los presos enfermos..), son objetivos complementarios entre si, un partido que aspire a transformar la sociedad desde una óptica nacional y de clase, debe ser consciente de que su lucha debe desarrollarse  en dos ámbitos uno institucional y otro en la calle, en el primero nuestro lenguaje debe buscar la acumulación de fuerzas para conseguir objetivos tácticos, lo que se conoce como "respeto de los derechos humanos de una de las partes intervinientes en el conflicto, los represaliados, parte muy interesadamente olvidada por el estado en este momento, pues los derechos humanos de la otra parte están sobreprotegidos", reivindicación, que pese a lo limitado de la misma, debemos considerar como un éxito, el que sea asumida por otras fuerzas políticas e incluso cree unos niveles importantes de movilización, dado el carácter de las instituciones, su funcionamiento, dentro del marco democrático burgués, y la estrechez de sus objetivos, nuestro lenguaje en las instituciones nos debe hacer capaces, incluso, de generar contradicciones entre las bases y la dirección de estas fuerzas políticas, sino asumen las citadas reivindicaciones, pero nuestra lucha no debe acabar ahí la presión institucional, conseguirá mejoras, no transformaciones, y lo que reivindicamos es la transformación definitiva de la sociedad conforme a nuestro modelo, "Independencia y Socialismo para Euskal Herria", en la calle, nuestro lenguaje debe ser distinto debemos hablar claramente de nuestros objetivos estratégicos o lo que es lo mismo de la AMNISTIA, con el carácter que antes le dimos, es decir, "desaparición de todas aquellas causas que generaron el conflicto", única garantía de que se producirá la superación real y definitiva del enfrentamiento que como pueblo y como clase llevamos mucho tiempo sosteniendo.

            Por último, debemos hacer hincapié en la cuestión de las víctimas y/o militantes. Independientemente lo que digan otras fuerzas políticas o sociales es importante dejar claro, como desde EHK lo venimos manifestando hace ya muchos años, que las personas que siendo militantes hayan muerto en acción, asesinadas, desaparecidas forzosas, presas, no deben considerarse víctimas, sino tener el reconocimiento de militantes, ya que, libremente, optaron por organizarse para liberar a su pueblo de la opresión nacional y social. Personas libres y conscientes de lo que decidieron hacer, esto es, intentar transformar una realidad negadora de derechos. Así, los y las militantes tenían objetivos políticos, combatían por los derechos de este pueblo y la clase trabajadora renunciando incluso hasta a su propia vida por ello. No fueron individuos que pasaban por allí, casualmente. No se las perseguía por estar, sino por ser, militantes de una causa, concretamente la de la lucha por la independencia y el socialismo para Euskal Herria.

Este tema precisara de un trabajo específico, en el que abordaremos la cuestión de víctimas o militantes, búsqueda de la verdad como objetivo aclaratorio de lo sucedido, la justicia como una necesidad, la reparación de la culpabilidad por parte del estado, la memoria como un derecho del pueblo a las personas que actuaron por la libertad, pues solo lo que no se vende no se puede comprar.

 

EHK (Euskal Herriko Komunistak)