Genocidio en Navarra. Los verdaderos Genocidas

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La reciente declaración institucional de "condena de la limpieza nacional y crímenes contra la humanidad cometidos por la izquierda abertzale y su brazo armado ETA” aprobada por los representantes de UPN, PSN y PP en el Parlamento de Navarra, constituye, no solo una burda y grotesca manipulación de la Historia al más puro estilo de la "histobasura" de Pío Moa, también es un insulto a la inteligencia y a la razón políticas. 

Hay que recordar por enésima vez que UPN y PP se han negado reiteradamente a condenar el golpe militar fascista de julio de 1936 y fueron los dos únicos grupos que se negaron a sumarse al reconocimiento de las víctimas de las atrocidades franquistas aprobada por el Parlamento de Navarra (UPN se abstuvo y PP votó en contra) que contaba con el impulso previo de diversas asociaciones populares entregadas a la tarea de rescatar la memoria de las víctimas de uno de los regímenes criminales más atroces de la Historia de Europa. Esta actitud se ha repetido en todas las instituciones en las que ha planteado esta cuestión. En julio de 2006 el Parlamento europeo condenaba el franquismo con la oposición del PP español y de dos diputados polacos de extrema derecha. En el parlamento español UPN, PP y Foro Asturias impidieron con sus votos que se declarara al 18 de julio como día de condena del franquismo…y un largo etc.

Además UPN y PP han obstaculizado de forma sistemática los trabajos realizados por diversos colectivos e instituciones en la tarea de la recuperación de la memoria Histórica de los crímenes franquistas. No contentos con su actitud obstruccionista, UPN y PP se han sumado recientemente a una carrera grotesca de apología y homenajes a los golpistas y a los verdaderos genocidas que iniciaron en el verano de 1936 su siniestra andadura.

Como hemos repetido en anteriores trabajos y artículos, la derecha navarra y la derecha española nunca han roto con su matriz ideológica que se encuentra precisamente en el ideario que impusieron, y con inaudita brutalidad, los oficiales del ejército español que se rebelaron contra la democracia republicana. En realidad la derecha española ha pasado, desde la restauración borbónica de 1975, por tres fases en relación con la construcción del “relato histórico” sobre la dictadura franquista. 

La primera fase ha sido la del silencio, y coincide con el periodo de readaptación de las familias políticas de la dictadura totalitaria al nuevo escenario enmarcado por el régimen parlamentario borbónico nacido en 1978. Readaptación que se realizó con el inestimable apoyo de las fuerzas políticas restauradoras que habían formado parte en su día de la oposición democrática al franquismo, tales como el PCE (en IU desde la década de los 80) y sobre todo del PSOE. El franquismo parecía, en esta primera fase, no haber existido jamás. Obviar los años del terror en los que la oligarquía y sus valedores de la derecha española desarrollaron su programa social y político fue entonces la consigna. La producción mediática se centró en la exaltación de una cada vez más profundamente reinventada “transición política” hasta el punto de que ésta llegó a influir lamentablemente en alguna producción historiográfica “seria”

La segunda fase coincide con el aznarato y la reunificación de la gran derecha. Es durante esos años cuando aparecen opúsculos que inauguran el revisionismo histórico sobre la dictadura. Su nula calidad científica y su penoso perfil intelectual es contrarrestado merced a las subvenciones oficiales u oficiosas y al extraordinario despliegue que para su difusión realizan medios de comunicación vinculados ideológicamente al PP, a la Conferencia Episcopal, y a otras organizaciones eclesiales de caracter ultraderechista como el Opus, Propagandistas Católicos o Comunión y Liberación. Esta fase se caracteriza por el intento de justificar la rebelión militar de julio de 1936 en un esfuerzo por revestirla de un cierto halo de “legitimidad”. Su objetivo era sin duda disculpar el papel de colaboración que de forma mayoritaria se produjo en la derecha y en la iglesia españolas con el golpe militar y con la dictadura resultante. Esta reacción fue también una respuesta desesperada y perentoria a los inicios del movimiento por la recuperación de la memoria histórica y a la publicación de sus primeros trabajos científicos. Las verdaderas dimensiones del genocidio empezaban a salir a la luz del día. Las escalofriantes cifras de las ejecuciones que extrajudicialmente o en consejos de guerra sumarísimos se cometieron bajo la vigencia del régimen de los vencedores militares de la Guerra Civil, encendieron la alarma de aquellas fuerzas políticas y sociales que podían ser reconocidas fácilmente como los herederos políticos o ideológicos de los asesinos. Según Aranzadi el Estado Español ocupa el segundo puesto en cuanto a número de desaparecidos por causa políticas después de Camboya. Crímenes que no han sido juzgados en el Estado Español. Crímenes de lesa humanidad que el mismo Estado Español trata de impedir a toda costa que sean juzgados por tribunales de otros países que se acogen a los dictados del derecho internacional. Toda una radiografía del actual régimen borbónico español.

La tercera fase se abre con la victoria electoral del PP en 2011 y el gobierno de Mariano Rajoy. La mayoría absoluta conseguida en las urnas rearma a la derecha española en su guerra sucia contra la Historia. Paralelamente al elaborado programa de destrucción de derechos sociales y políticos al servicio de la oligarquía financiera, y precisamente por ello, se inicia toda una ofensiva mediática de reinvención de la Historia: el franquismo, después de todo, solo fue un sistema levemente autoritario. La izquierda ha exagerado su caracter despótico. Incluso han llegado a realizar afirmaciones totalmente ridículas y sin ninguna vergüenza: algunos escritores sicofantes del Partido Popular se han atrevido a calificar al general Franco como una especie de demócrata clarividente. En esta misma línea, en los territorios del Estado administrados por el PP, o por la UPN en el caso de Navarra, menudean los actos de apología del franquismo, de sus instituciones político- militares o de algunas de sus destacadas figuras gerifaltes.

Efectivamente ha habido un genocidio en Navarra. Así como en el resto de hego Euskal Herria, y en toda la ensangrentada geografía del Estado Español. Se realizó ciertamente una terrible campaña de exterminio y de limpieza. La oligarquía y la derecha españolas de la mano de los militares sublevados en 1936 y de la dictadura brutal que éstos instauraron, asesinaron a decenas de miles de demócratas: jornaleros, pequeños y laboriosos campesinos, obreros de las ciudades, intelectuales, profesionales…a veces, como señala Tuñón de Lara, simplemente a pobres por el mero hecho de serlo. Ha tenido lugar uno de los más espantosos genocidios de la Historia Contemporánea y todavía no ha sido juzgado. Es más sus herederos políticos gobiernan hoy en Navarra y en otras tierras administradas por el Estado Borbónico. Genocidio amparado por la impunidad que éste le proporciona. 
En Navarra fueron asesinadas alrededor de 3000 personas solo en los meses posteriores al golpe de estado. Lo mismo ocurrió en todos los territorios del Estado que caían en manos de los sublevados. La sangre fría de los asesinos derechistas queda testimoniada en las declaraciones de uno de sus más significados representantes históricos. Giménez Caballero escribía sin ningún pudor tras la toma de Bilbao estas palabras que pueden poner los pelos de punta:"También ha sido indispensable en la ex-invicta villa de Bilbao el expurgo postvictoria, la limpieza, la depuración . Pero, no excusado este deber, ni omitido su cumplimiento, estoy seguro de que no llegan a mil las existencias eliminadas en un mes, casi podría afirmar que no pasan de 800” (Tuñón de Lara y Angel Viñas 1986) 

Pero además de las consecuencias inmediatas del terror represivo desplegado por la derecha golpista en cuanto a ejecuciones, detenciones y desapariciones, torturas, escarmientos públicos…etc. Hubo otra aspecto del genocidio franquista que nos interesa comentar hoy aquí. 
Se trata de las víctimas del programa económico y social que la oligarquía y derecha españolas desarrollaron al albur de las botas y los sables de la oficialidad fascista.

A partir de 1939 los salarios reales bajaron un 25% mientras que los beneficios empresariales crecieron un 13,79% y los financieros un 20,9%. Los precios subieron una media del 50% y los niveles de vida de la clase trabajadora en la ciudad se hundieron y apenas sí llegaban a los niveles mínimos de subsistencia. En el campo fue peor y -aunque hubo diferencias entre los pueblos- se instaló también el reino del hambre, y sólo el furtivismo aportaba, en muchos casos, los ingredientes alimenticios exigibles para la vida. Mientras en las zonas residenciales de los ricos se presumía de una indecente abundancia, y los cabarets y los tugurios de saraos llenaban los espacios de recreo de la alta burguesía, la desnutrición y la tuberculosis campaban a sus anchas en las fábricas y hogares de los trabajadores rurales y urbanos. La dictadura, además, desplegó enseguida toda una batería de disposiciones legales reguladoras de las relaciones laborales que suponían un sometimiento absoluto de los trabajadores frente a los patronos. La defensa colectiva de los intereses de la clase obrera fue severamente prohibida. El derecho a la huelga y el asociacionismo obrero fueron perseguidos con saña. Las horas extraordinarias se hicieron obligatorias y los trabajadores tuvieron que entregar parte de su trabajo de forma gratuita como “contribución personal al nuevo Estado” El terror era completo. La Guardia Civil y la policía política se entregaron con celo a la vigilancia del nuevo orden. No es de extrañar en absoluto el miedo que detectó entre sus trabajadores el empresario de Sabadell y dirigente franquista José Marcet “a que se implantara una nueva era de esclavitud” (Sebastián Balfour, 1989) Esto también forma parte sin duda del genocidio que la derecha española perpetró con la sangrienta cobertura recibida de las bayonetas falangistas. Los hombres, mujeres y niños que murieron como consecuencia de la nueva y despótica redistribución de la renta social que impuso el franquismo son, a todas luces también, víctimas de la dictadura.

Es preciso llamar la atención a este respecto sobre la escasa corrección de las líneas generales políticas que ha defendido la derecha española de 1939 a 2015 en cuanto a los parámetros básicos de distribución de la renta social. Las políticas económicas del PP y de UPN y sus resultados evidentes son palmarios. Cambia el volumen de la riqueza social producida entonces y ahora, y también las consecuencias de la herencia -que aun sobrevive a duras penas- de un largo proceso histórico que comprende en Europa la derrota del eje nazi-fascista, las conquistas acumuladas de las luchas obreras seculares, y la coyuntura especial de la Guerra Fría. Cambian los niveles de vida de las mayorías sociales que son todavía hoy distintos de los niveles de las terribles décadas de la dictadura del general Franco. Pero todo eso puede ser provisional si no estamos prestos a impedirlo. El pauperismo y la exclusión social crecen como un virulento cáncer social bajo los gobiernos de la ultraderecha hispánica. El fantasma de la desnutrición infantil reaparece cuando se le consideraba ya desterrado definitivamente en estas latitudes. Crecen sin embargo los beneficios de unos bancos “rescatados” con el trabajo entregado (otra vez de manera forzosa) por el pueblo trabajador. Crecen también de forma galopante los beneficios de los especuladores. Crece de nuevo la desigualdad multisecular y típicamente hispánica entre unas clases dominantes parasitarias (verdadero referente social histórico de la derecha española) y un pueblo trabajador totalmente esquilmado, La corrupción política (otro referente histórico de la derecha española y de los caciques navarros) esta escandalosamente presente en el día a día de la vida institucional. Es tristemente posible que las enfermedades que acechan en los espacios del pauperismo vuelvan hoy a hacer presa entre los navarros víctimas de este nuevo saqueo realizado por los hijos políticos (y en muchos casos biológicos) de los gestores del hambre y el terror en los años de la dictadura.

La colaboración del PSOE, por otra parte, en el esperpéntico acto representado por la extrema derecha regionalista y nacionalista española retrata una vez más a esta formación en imparable degeneración. Una agrupación política que se ha apropiado de unas siglas históricas enfangándolas irreversiblemente. La Historia les pasará más temprano que tarde una costosa factura. 

A un oficial fascista le fueron encontradas en el frente de Guadalajara-en 1937- precisas instrucciones de como “infundir un horror saludable” en las zonas ocupadas por el ejercito rebelde al servicio de la derecha española y de la oligarquía. Infundir horror, amedrentar, confundir, engañar… con una bien calculada estrategia de dosificación. Tales fueron las consignas seguidas por los verdaderos genocidas que perpetraron escalofriantes atrocidades contra el pueblo navarro. Tales son las consignas que perpetúan hoy sus herederos.

ERAIKUNTZA (grupo vasco de historiadores socialistas)