MARXISMO

El drama histórico sufrido por el pueblo soviético con el derrumbe de la URSS, no fue, ni pudo ser, la resultante de factores externos que, " desde fuera" y de manera ajena a las contradicciones del sistema y a los componentes subjetivos del desarrollo social, condujeron a la derrota. Aquellos factores externos que obviamente concurrieron, (desde luego no mas intensos que muchos de los que hubo de resistir y vencer la URSS en sus ochenta años de historia) difícilmente hubieran concluido en el desmoronamiento del sistema , si no fuera por la receptividad que encontraron en una honda descomposición del régimen y, sobre todo, en agentes sociales que desde posiciones rectoras unían su interés de grupo a la destrucción del socialismo. Eso fue lo decisivo.

Marx insistió siempre en la necesidad de una concepción científica del proletariado como requisito para que pueda jugar su papel de emancipador de la humanidad (o como enunciara Lenin: "Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria", añadiendo seguidamente, que "sin praxis, sin esfuerzo, sin lucha, toda teoría revolucionaria no vale absolutamente para nada").

Con el paso del tiempo y la acumulación del conocimiento y de la experiencia asistimos a un desarrollo de la productividad del trabajo. ¿Qué entendemos por productividad del trabajo? Bueno, pues es la capacidad del trabajo (no de la herramienta o máquina pues los bienes de producción son fruto del trabajo y del saber social) de producir más bienes y servicios con mayor calidad y en un lapso determinado de tiempo.

En ese contexto confiesa que "le están pidiendo demasiado" y que eso le "impresiona de una forma siniestra". De manera que el hombre que por entonces está escribiendo en la prensa del partido "contra el pesimismo" de los otros se siente solo, no acaba de superar la enfermedad, siente que algo se ha roto en su interior y necesita unas fuerzas que sólo le pueda dar, espiritualmente, la mujer, una mujer de la que, por otra parte, él mismo sospecha que está algo más que fatigada.

Ya lo decía Lenin en su El estado y la revolución y a pesar de ello seguimos en la misma tesitura, incluso entre los que hoy son ''marxistas''. El marxismo-leninismo en el Estado español ha sido amoldado a los intereses de la burguesía de manera que los revolucionarios son en primer lugar criticados por estos marxistas sacados de la cadena de producción del sistema.

La primera es que muchas de las cartas que escribió desde la cárcel tenían que pasar por la censura: él lo sabía; sabía que en cierto modo esto las hacía "públicas" y en consecuencia reduplicó durante esos años (1927-1933) su ya notable contención sentimental adoptando a veces el lenguaje de Esopo. Para descifrar ese lenguaje el estudioso y el lector atento tienen que acudir a veces a otras fuentes (testimonios de los familiares y amigos dentro y fuera de la cárcel).

Desaparecido desde hace algo más de treinta años, Lukács es un ilustre desconocido del marxismo del s. XX[i]. Es conocido sobretodo por sus primeros textos pero demasiado frecuentemente reducido a ellos y su obra posterior es todavía hoy poco conocida aunque ella representa un esfuerzo real para intentar una renovación del marxismo. Este esfuerzo que merece una verdadera atención ha de ser evaluado y confrontado con nuestra propia modernidad, ya que estamos doblemente enfrentados a una mundialización del capitalismo cada vez más salvaje y a la necesidad de reconstruir una teoría crítica a la altura de las circunstancias actuales.

Breve análisis del conjunto de escuelas historiográficas marxistas del siglo XX a través de un texto de Josep Fontana, publicado en el 2001.El presente comentario, se trata de un esbozo del tercer capítulo del libro “Historia de los Hombres” (editorial critica, 2001) escrito por el historiador catalán Josep Fontana, y concretamente llamado “Los Marxismos”.

Desde el 2002 dos grandes facciones político-clientelares comparten el poder en China, en un delicado equilibrio basado en el reparto de los puestos en los órganos centrales del Partido. La primera facción esta compuesta por aquellos dirigentes agrupados alrededor de la figura de Jiang Zemin (el ex primer secretario del Partido y ex presidente de la Republica) y la segunda facción a aquellos dirigentes del entorno de Hu Jintao.

La publicidad, los medios de comunicación, el cine y los escritos de sus pseudo intelectuales inoculan siguiendo los mandatos de sus dueños: las corporaciones transnacionales, dueñas de todo lo que se compra y vende en el mundo, toda la mentira y estafa a la inteligencia de la razón de la invasión a Irak. Lo que Marx llamó “la literatura mundial”, instrumento de propagación de la ideología dominante: la capitalista neoliberal, se encargó de generar el clima de miedo, terror y elucubraciones imbéciles acerca de los hechos puntuales causantes de la guerra.

al-Andalus es un momento peliagudo en la historia tanto andaluza como española, y que sea un tema delicado ya habla sobre este periodo en sí. Nadie contradice la historia oficial de la Hispania romana, nadie contradice la historia oficial del Siglo de Oro, pero en cambio en torno a al-Andalus y la “Reconquista” sí hay debate y no escaso, por lo que el hecho de que haya posturas encontradas nos ha de hacer pensar que algo no cuadra.

En octubre de 1836 Marx fue a estudiar a la Universidad de Berlín. Su intención inicial era continuar los estudios de derecho pero pronto dirigió su atención a otros temas, según explicó a su horrorizado padre en una famosa carta del 10 de noviembre de 1837. Insatisfecho con el “reflejo lunar” de sus poemas de amor, Marx se puso a estudiar en serio. Primero incursionó en la filosofía del derecho y luego en la filosofía misma. Inevitablemente tendría que abordar el pensamiento del filósofo más influyente de la época: Frederich Hegel. Al principio a Marx le repelió “la melodía extravagante y pedregosa” de Hegel, pero más adelante se sorprendió a sí mismo convertido a la filosofía hegeliana.

Los que siguen considerando el anarquismo como vía idealista hacia el comunismo, deberían preguntarse, cómo aquella idea anarquista que cuajó en un millón de españoles en tiempos de la II República, cuando sólo habían no más de treinta y cinco mil comunistas, fueron estos últimos los que demostraron mayor capacidad de organización y desarrollo de lucha contra la dictadura franquista.

Otra aportación básica del andalucismo, es la que hizo Blas Infante, apostando decididamente por un andalucismo de las clases populares, concretamente de la clase jornalera, oponiéndose precisamente a la aristocracia y la burguesía agraria que por intereses de clase se posicionan al lado del nacionalismo español. La dependencia política, la opresión económica y la usurpación de lo andaluz, como algo característico como “español” vaciándolo de sus contenidos desemboca en la necesidad de crear un poder andaluz de clase.

La disputa entre el partido del Estado (Stalin) y el partido de la revolución (Trotsky) tendrá una prolongación inmediata en la naturaleza de la política exterior, y más concretamente en la línea general de la Internacional Comunista, sobre todo a través dos de los mayores acontecimientos de la segunda mitad de los años veinte, en la huelga general británica, y en la segunda revolución china.

Conviene señalar que esta condena tiene ante todo un carácter precipitado. Comienza a darse en los años ochenta, para establecerse sin discusión como una consecuencia inexcusable de lo que se ha llamado “la caída del comunismo” (2), y se desarrollará en una auténtica escalada hasta alcanzar su cumbre denigratoria con la publicación del Libro negro del comunismo, algo así como la sentencia final sobre la que se fundamenta todos los "cursillos" conservadores del mundo para imponer ofensivamente sus criterios.

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