MARXISMO

No estaría de más recordar, que fue precisamente en el ministerio de Goebbels donde se inventaron y se comenzaron a difundir todas las falsedades sobre las ansias de sangre de los bolcheviques y Stalin. Fue más tarde, cuando nuestros enemigos del otro lado del océano, seguidos de Jruschov, el literato seguidor de Vlasov (1) Solzhenitsyn, y figuras menores en el interior del país, hicieron suya la idea.

Al proclamarse la dictadura de Primo de Rivera continuó la labor sindical en la clandestinidad. Desde 1927 su vida estuvo ligada a la construcción del Partido Comunista de España (PCE) y supo capitalizar el desencanto de los sectores más radicales y la rivalidad entre la Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo en beneficio del PCE.

A los 90 año de la Revolución rusa el movimiento obrero no puede olvidar este asalto a los cielos. Una revolución donde se dieron cita todas las corrientes existentes. Una revolución que sería la esperanza de Europa, y al mismo tiempo una revolución que no podía alcanzar su cenit más que con el triunfo de la revolución socialista en Europa, particularmente en Alemania.

Por eso los actores se redefinen. Ser revolucionario hoy no implica lo mismo que en los últimos ocho años. Es el derrumbe de las instituciones de la sociedad capitalista lo que aturde, enfervoriza o atemoriza; empuja irresistiblemente hacia delante, o frena en un mar de dudas.

Porque si no coinciden filosóficamente las tendencias socialistas y comunistas antes mencionadas en todos los matices sí coinciden sin embargo en el terreno de la praxis: acción directa de las vanguardias y de las masas conscientes; rechazo del reformismo y del arquetípico parlamentarismo burgués; instauración de una nueva sociedad justa e igualitaria que abra el camino al socialismo, primero, y al comunismo después.

Mas bien, como se dice líneas arriba, la confrontación histórica del marxismo y el anarquismo, no está basado en un supuesto “Programa Proletario Marxista vs. Programa Pequeño-Burgués Anarquista”, como con toda la intención de engañar ha dicho el leninismo y sus vertientes (estalinismo, maoísmo, trotskismo, etc), sino en las formas que tienen que asumir las luchas de los explotados para combatir de manera efectiva a la burguesía y su Estado.

Los trabajadores parisinos lucharon, en unas condiciones extremadamente difíciles, para poner fin a la explotación y la opresión, para reorganizar la sociedad sobre bases completamente nuevas. Hoy en día, para los socialistas es importante aprender las lecciones de estos importantes acontecimientos.

El 8 de marzo (8 de febrero en el calendario ruso) se cumplen los noventa años de la Revolución Rusa, la más importante de nuestra época, la que marcó la agenda política del siglo XX que comenzó en febrero (marzo en nuestro calendario), y que se justificó como un “prólogo” de una revolución mundial que seguiría un curso bastante imprevisible después de las grandes crisis sociales de la época inmediata en Alemania (1918, 1919, 1921, concluyendo con unas derrotas que determinaron el ascenso del nazismo), Hungría, Italia..

Al menos para los comunistas la cosa está bien clara, por más que se pretenda tergiversar. Para nosotros la lucha de clases es el motor de la historia, y no las naciones, ni los países, ni los mundos, ni los Estados, ni las geografías. Que la clase obrera tenga que asumir sobre sus anchas espaldas la lucha de liberación nacional y colonial, como tantas otras luchas, no nos convierte a los comunistas en nacionalistas, ni mucho menos en nacionalistas burgueses o pequeño burgueses.

Bujarin: Tengo dos súplicas que hacer al Tribunal: primero, ruego se me conceda la posibilidad de efectuar libremente mi exposición ante el Tribunal, y segundo, se me autorice, al principio de mi exposición, a insistir más o menos, en la medida que lo permita el tiempo, en el análisis de los objetivos ideológicos y políticos del criminal bloque de los derechistas y de los trotskistasy ello por los motivos siguientes: primero, porque se ha hablado del asunto relativamente poco; segundo, porque esta cuestión ofrece un cierto interés público, y tercero porque el ciudadano fiscal planteó esta cuestión en la sesión anterior, si no me equivoco.

La construcción del PSUV debe realizarse desde las bases, que se elijan realmente los dirigentes obreros y comunales naturales de ese partido. Esto no significa que sólo con esta medida se logre controlar a la burocracia, ese peligro siempre existirá y solo la democracia participativa en el seno de la organización ira resolviendo el problema de la burocracia y la corrupción.

Quiero decir que los bolcheviques de la época de la revolución no han conocido estos escritos de Marx que contemplaban otra posibilidad de paso al socialismo. Ellos no los han conocido. Por lo tanto, ellos han vivido en la incomodidad de estar llamando revolución socialista a algo que en su formación intelectual y en su juego de conceptos no era una revolución socialista.

Domenico Losurdo señala en su libro Il revisionismo storico, que la Resistencia contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial también fue blanco de la oleada ensayística e historiográfica revisionista que, principalmente desde los años ochenta del siglo pasado, se dedicó a demonizar el arco revolucionario que iniciado en 1789 se extendió hasta las luchas revolucionarias y anticoloniales de la segunda mitad del siglo XX.

Comunismo. Hermosa palabra, si nos paramos a pensar. Si dejamos a un lado la perversión de asociarla con aquellos regímenes estalinistas o maoístas que, a fin de cuentas, ya pasaron. Aquellas dictaduras no avanzaron hacia el Comunismo. Se apropiaron de la idea, se apropiaron de la filosofía y obra de Marx, Engels, Lenin, y ello fue ideal para los propósitos del enemigo burgués.

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Desde el entorno del autor se relaciona su exclusión con su militancia comunista y, sobre todo, con su relación con el nacionalismo radical vasco.

¿Marx inmoralista? Una afirmación que pareciera navegar a contracorriente y, por tal, apreciarse como una afirmación errónea, extemporánea e injusta. Sin embargo, pese a los prejuicios que esta afirmación pudiera suscitar, creo que el tema planteado a modo de interrogación hay que abordarlo hurgando, sin más ni más, en el fondo de los escritos de Marx, antes que siguiendo la línea de aquella imagen que ha logrado permear el imaginario social desde hace ya varias décadas.

El “mir”, o propiedad comunal campesina, que persistía, sería la piedra angular de la nueva sociedad. Marx, unos años antes de morir, tuvo algún dato, alguna premonición, y su perspicacia le hizo desviar unos grados la mirada, desde las civilizadas y maduras potencias capitalistas, hacia un hondo rumor que crecía entre los súbditos del Zar y que los escritores rusos recogían y expresaban.

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