MARXISMO

La pequeña historia del tren "precintado" que los alemanes pusieron al servicio de Lenin y de un pequeño grupo de revolucionarios se inicia cuando la revolución de febrero (marzo) hace vibrar el jefe bolchevique hasta entonces un exiliado anodino para sus vecinos y un teórico pesimista (en enero había vaticinado en un forum de estudiantes suizos que, posiblemente. su generación no alcanzara a ver las revoluciones venideras), y culmina con su legendaria arribada a la estación de llegada de los ferrocarriles de Finlandia, en Petrogrado, cuando proclama las ideas y consignas que había elaborado en sus Cartas desde lejos. Este viaje resulta ciertamente de uno de esos “momentos estelares de la historia de la humanidad” que tanto sedujeron a Stefan Zweig

Uno de los hechos de la lucha de clases mundial que ha cobrado, desde 1989, un impulso extraordinario es la cuestión de las nacionalidades oprimidas de Europa del Este y Asia Central que han empezado a luchar por la conformación de sus estados nacionales independientes. Este problema es parte de la revolución política que estremeció a la ex Unión Soviética y al este europeo barriendo los regímenes totalitarios stalinistas. Ha resurgido un poderoso movimiento de las nacionalidades y naciones oprimidas acalladas durante décadas por la burocracia.

En los años 20 los emigrados rusos anticomunistas distribuyen por todo el mundo el panfleto antisemita de Los Protocolos de los sabios de Sión, acusando a los judíos de ser los responsables de la Revolución Socialista de 1917 y preparando intelectualmente las grandes matanzas fascistas de judíos cometidas en los años 40. El ex teniente de la Ojrana Boris Brasol, emigrado en los Estados Unidos, tuvo un destacado papel en la difusión de ese panfleto. 

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El rodillo del imperialismo es implacable pero no indestructible, lo vemos cada día en Irak. El “tigre de papel” imperialista, como decía Mao Tse-tung, se enfrenta a graves contradicciones internas y externas. Recordemos aquello que dijo el gran patriota y socialista irlandés James Connolly, “el enemigo nos parece grande porque le miramos de rodilla, ¡levantémonos!”.

a partir de la I Guerra Mundial las potencias ganadoras entonces, Gran Bretaña y Francia, reparten la tarta, que es la herencia del Imperio Turco, y dividen el territorio árabe para franceses y británicos, Siria y el Líbano tocan al imperialismo francés, mientras que Palestina, Jordania y Arabia tocan al colonialismo Británico. Pues ésta es la mala suerte que nos tocó porque es justo el imperialismo británico quien facilita la inmigración judía y ayuda a la creación de un Estado Israelita, y además respaldado por la famosa declaración de 1917, firmada por el entonces secretario de estado, en la que dice que su Majestad (el Gobierno británico) promete la creación de un hogar nacional para los judíos en el territorio palestino, pero al mismo tiempo demuestra una cierta sensibilidad, diciendo que intentará no perjudicar los intereses de los habitantes nativos.

El doble poder es inestable. Como escribió Lenin: “no hay la menor duda de que tal ‘desdoblamiento’ no puede durar mucho tiempo. Dos poderes no pueden existir en un estado. Uno de ellos está destinado a desaparecer.”

En la gran mayoría de casos, el estado capitalista se aprovechó de las dudas y divisiones de los trabajadores para tomar la ofensiva y aplastar los consejos obreros y para restaurar el orden burgués.

Nuestro crítico parte del siguiente planteo: “Si los obreros de la Ucrania soviética derrocan al estalinismo y restablecen un estado obrero genuino, ¿se separarán del resto de la URSS? No.” Y etcétera, etcétera. “Si los obreros derrocan al estalinismo” entonces podremos ver más claramente qué hacer. Pero primero hay que derrocar al estalinismo. Y para lograrlo no se debe cerrar los ojos ante el crecimiento de las tendencias separatistas en Ucrania sino darles una expresión política correcta “No volver nuestras espaldas a la Unión Soviética -continúa el autor- sino lograr su regeneración y restablecimiento como ciudadela poderosa de la revolución mundial; ése es el camino del marxismo.”

Hasta el paroxismo, hasta la más infundada de las exageraciones llegó el intento por hacer creer a los militantes de izquierda que la base del materialismo histórico residía en el determinismo económico. El filósofo italiano Antonio Gramsci, quien puede ser tomado en cuenta como el más genial de los pensadores marxistas de todos los tiempos, insistió sobre la necesidad de no transformar al marxismo en una sociología, comprendida como conjunto de leyes y normas.

Los soviéticos no sólo fracasaron por las prácticas burocráticas del partido, sino porque reprodujeron la lógica de la acumulación capitalista en una óptica economicista y tecnocrática: no eliminaron la extorsión del trabajo, aplicaron los desarrollos científico-técnicos sin crítica, adoptaron el taylorismo bautizado para la época como "stajanovismo".

Hace décadas se ha instalado en el seno del marxismo un debate respecto a qué debemos entender por clase obrera. Los escépticos ante las posibilidades revolucionarias del proletariado, limitan el alcance numérico de ésta a los trabajadores de la industria y consideran al resto de los asalariados parte de las “capas medias”.

Los trabajadores no tienen más armas para la lucha contra el régimen, que un partido fuerte. El PCFR, con todos sus defectos, es ese partido. El propio partido necesita del apoyo de las amplias masas populares, que tanto echa en falta debido a la histeria desbocada y la propaganda calumniadora anticomunista de los últimos años. El objetivo del régimen es apartar al pueblo del partido, privarle del respaldo y apoyo de los trabajadores.

La cuestión nacional es un tema controvertido dentro de los procesos revolucionarios y la tradición marxista. Coexisten la comprensión, con la desconfianza, el apoyo resuelto, con el tacticismo y la retórica. El autor viaja por estos problemas y finalmente toma tierra en la cuestión vasca, y en la actitud solidaria que se requiere por parte de la izquierda del resto del estado.

Sobre el tema que nos ocupa, Lenin escribió (no tengo aquí la referencia exacta) que quien no comprende cuándo hay que dejar de actuar de forma revolucionaria para actuar de forma reformista desconoce el abc del marxismo. Naturalmente, una tal declaración sorprenderá a muchos que se declaran "marxista-leninistas", pero intentaré explicar el sentido de dicha frase.

Sobre las inconsistencias de la Izquierda Transformadora y de sus principales estructuras organizadas: IU, Corriente Roja y PCPE
Considero que la izquierda transformadora (en concreto las estructuras organizadas que fundamentalmente la vertebran, esto es, IU, Corriente Roja y PCPE), si pretende ser verdaderamente transformadora, debe de superar el actual estado de ostracismo en que se encuentra. Ser izquierda minoritaria y testimonial no es ser izquierda transformadora.

Los trabajadores, los campesinos, los profesionales, los militares, las amas de casa, los estudiantes, la prensa oficial misma y la prensa digital alternativa de izquierda, llevan a cabo un importante debate sobre el problema de la propiedad en el socialismo que llevó a la creación de una comisión en la Academia de Ciencias para estudiarlo.

Es nuestro propósito probar la veracidad de estas afirmaciones, y lo haremos mediante el estudio y análisis de las proposiciones hechas por los trotskistas en el momento en que surgen las contrarrevoluciones, llamadas de terciopelo, que conllevaron a la restauración del capitalismo en Europa del Este y en la Unión Soviética.

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