BOLCHEVISMO 2

Bolchevismo
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BOLCHEVISMO

SUMARIO DEL NUMERO 2 -  1. º HE MAYO DE 1932

— 1) Los problemas de la revolución española:

  1. Bullejos. Importancia histórica del IV Congreso del Partido (p. 1).

Delegado del P. C. A., Cómo transformarse en un partido bolchevique de masas (p. 5).

  1. Adame, Del IV Congreso: Enseñanzas del debate sindical (p. 9).
  2. Romero, La revolución campesina, en marcha (p. 12).
  3. Hurtado, Estado actual de la organización del Partido (p. 16). ***.

Las tareas que debe resolver la revolución española  (p, 20).

—2) La agresión imperialista contra la U. R. S. S.: ***, La intervención en Manchuria (p. 34).

—3) Teoría y practica del bolchevismo:

  1. Lenin, Una de las cuestiones fundamentales de la revolución (p. 39).
  2. Martynov, Cómo luchaba Lenin, (p. 44).

—4) La edificación del socialismo en la U. R. S. S.:

  1. M. Molotov, La realización del primer plan quinquenal (p. 56).

—5) Bibliografía: M. González, El Partido Comunista y el trotskismo (p. 61).

—6) Documentos: I. C., Comunicado del Buró de Europa occidental (p. 63).

Los problemas de la Revolución Española sobre el IV Congreso del Partido 1932

..............,........        JOSÉ BULLEJOS

1) Los problemas de la revolución española

Importancia histórica del IV Congreso del Partido

El IV Congreso Nacional de nuestro Partido ha revestido la categoría de un acontecimiento histórico, tanto por la situación objetiva en que se ha reunido, como por los problemas que debía analizar y resolver. Las masas proletarias campesinas esperaban conocer sus decisiones, ya que tenían conciencia de que allí, bajo la dirección de la internacional Comunista, iban a forjarse las armas necesarias para la lucha revolucionaria. Nuestro IV Congreso debía responder concretamente a todos los grandes problemas, a todas las cuestiones centrales de la revolución. Efectivamente, en Sevilla se reunían los delegados de las organizaciones de nuestro partido para deliberar como hombres de acción, como organizadores y directores de las masas, de cara a la revolución y a la lucha de clases. Y lo hacían en circunstancias de importancia inmensa y de gravedad excepcional, las cuales contribuían a aumentar su responsabilidad ante el proletariado.

La revolución española ha entrado en una nueva fase, más aguda y decisiva. La huelga general del 25  y 26 "de enero marca el comienzo de una etapa importantísima en la lucha del proletariado por la conquista de la hegemonía, del papel director de la revolución. Las masas se lanzan impetuosamente a la acción en toda España. En Córdoba, Jaén, Galicia, Cádiz, Antequera, se producen huelgas generales, movimientos que revisten el carácter de acciones revolucionarias. Se reproducen, pero en un plano más elevado, las luchas del pasado verano. Invasión de los cotos de caza y de las grandes propiedades, ocupación de cortijos, ataques a las fuerzas armadas del capitalismo, etc.

Las luchas actuales del proletariado y de los campesinos se desarrollan, como decimos, en un plano más elevado. En primer lugar, su intensidad es mucho mayor. Al mismo tiempo han sido incorporadas a ellas masas retardatarias que, prisioneras de sus jefes traidores, no habían participado en los combates anteriores. Nos referimos a las masas de la Unión General de Trabajadores. De otra parte, las fuerzas revolucionarias actúan libres en parte de las ilusiones democráticas, comenzando a tener conciencia de que los partidos políticos que ocupan el Poder, los republicanos y socialfascistas, son los representantes de las clases y castas enemigas. Han vivido ya la experiencia de un año de República capitalista, en cuyo balance destacan las matanzas de julio en Sevilla, el bombardeo de la casa de Masón, las deportaciones a Guinea, la suspensión de "Mundo Obrero", las prisiones gubernativas, la expulsión de Casanellas, etc. En fin, las grandes acciones del período presente se desarrollan con una mejor organización, y la mayoría de ellas bajo la dirección del Partido Comunista.

2   En una situación tal, cuando la crisis revolucionaria del régimen se profundiza y, por lo tanto, las luchas entre las clases se agudizan, se «exacerban, las fuerzas de la contrarrevolución acentúan su política represiva. Es indudable que a medida que la ola revolucionaria asciende, los esfuerzos de la burguesía para contenerla y hacerla retroceder han de ser mayores. Y es en relación directa con esta agravación de la situación como ha de -ser explicada la política represiva, más acentuada de día en día, de las fuerzas contrarrevolucionarias, así como la alianza de éstas cada vez  más estrecha.

*  *  *

En el movimiento obrero español no existen precedentes de Congresos que hayan revestido el carácter de masas que ha poseído éste que acaba de celebrar nuestro Partido. El IV Congreso ha celebrado sus sesiones rodeado del proletariado rojo de Sevilla, y en la capital que es hoy el foco más ardiente de la revolución española. Cerca de cien mil obreros han enviado delegaciones directas para participar con voz  consultiva en los debates; otros millares se han adherido por cartas y telegramas. Millares de proletarios llenaban el local donde se celebraban las reuniones, no sólo llevados allí por la curiosidad, sino movilizados en plan de lucha, decididos a defender heroicamente el Congreso contra sus enemigos, contra las fuerzas de la contrarrevolución y sus lacayas, que acechaban en el exterior el momento propicio para atacarle.  

La Carta de la Internacional debía servir de base a las deliberaciones. Fundándose en el justo análisis que hace de la situación política de España, de los problemas de nuestra revolución y de las tareas concretas que de ésta se derivan, el Partido debía proceder a la elaboración de las normas indispensables para su ejecución. Transformarnos en un Partido bolchevique de masas, era la gran tarea que nos asignaba la Internacional. Y la gran obra que debía comenzar a realizar el Congreso. Transformarse en un Partido bolchevique significa, en primer lugar, poseer una línea política justa, una concepción exacta sobre el carácter de la revolución, las fuerzas en que descansa, el desarrollo de ella y sus perspectivas, la          relación entre las diversas fuerzas que actúan, etc., único medio de poseer una táctica y una estrategia que correspondan a las necesidades, a las exigencias de la lucha revolucionaria y al momento histórico concreto. Transformarse en un Partido bolchevique significa ligarse estrechamente a las masas, ser el organizador y guía de todas sus acciones, estar a la cabeza de sus luchas, conquistar, en fin, el papel de jefe político de la revolución.

Transformarse en Partido bolchevique  significa, finalmente, eliminar ese espíritu sectario engendrado por la clandestinidad en que ha vivido nuestra organización, por su apartamiento de las grandes masas, por su escasa participación como fuerza directora de las luchas revolucionarias del proletariado y los campesinos; destruir métodos de organización que son incompatibles con el espíritu de nuestros Partidos Comunistas; elevar el nivel político de todos los militantes, haciéndolos participar activamente en la vida del Partido, planteando ante ellos y discutiendo profundamente todos los problemas; establecer un régimen de democracia proletaria que no mate la iniciativa de la base y vivifique a ésta políticamente; crear una disciplina férrea; renovar los cuadros directores llevando a los puestos de responsabilidad a nuevos militantes que han probado ya su capacidad y devoción revolucionarias; combatir implacablemente todas las desviaciones y los continuos intentos de apartar al Partido de su línea revolucionaria.

En este sentido, el IV Congreso significa un paso decisivo y señala el comienzo de una etapa decisiva en la transformación de nuestro Partido en un Partido bolchevique de masas. Sus deliberaciones han puesto de manifiesto, con absoluta evidencia, en qué sentido se orienta el Partido, su propósito de rectificar los errores cometidos en el pasado y su fidelidad absoluta a la Internacional Comunista y a la revolución.

3   En el informe político del Comité  Central, después de un amplio análisis de la situación, se señalan a grandes rasgos cuáles son las tareas que corresponde cumplir en el momento actual de la revolución. Los acontecimientos recientes, las luchas que estos días se desarrollan en España, ¡han confirmado la justeza del examen hecho por el Congreso. Efectivamente, vemos cómo en Antequera, Jaén, Cádiz, Galicia, las masas obreras y campesinas se han lanzado a la batalla; cómo en toda España la ola revolucionaria asciende, las masas se movilizan; cómo, en fin, la afirmación de que en la primavera actual iban a desarrollarse acciones revolucionarias de inmensa envergadura, comienza a tener una confirmación categórica. Asimismo estas acciones han demostrado la absoluta justeza de la apreciación hecha por el C. C. respecto a que todas las cuestiones políticas debían ser llevadas y resueltas en el terreno de organización; que la gran tarea hoy consiste en organizar a las masas, en dotarlas de sus órganos de combate, sin lo cual la revolución será forzosamente aplastada.

¿Cuáles son las grandes tareas que el Congreso ha señalado al Partido, y de cuya ejecución depende el porvenir de la revolución?  La primera consiste en organizar al proletariado y a los campesinos, en hacer que sus luchas se desarrollen ordenadamente, sobre bases firmes, poseyendo los órganos que necesitan. Esto no es posible realizarlo sino sobre la base del frente único y en torno de un programa concreto de lucha, sobre una plataforma revolucionaria. Organizar y dirigir a las masas, realizar esta gran tarea, significa ligarnos a las masas estrechamente con carácter permanente. ¿Cómo puede ser obtenido esto?  No sólo orientando el trabajo del Partido hacia las fábricas, minas y cortijos, desplazando a los lugares de trabajo nuestro centro de actividad y la base de nuestra organización, sino asimismo concediendo a las luchas económicas toda la inmensa importancia que ellas poseen. Sólo por medio de ellas puede conquistarse la dirección política de las masas; sólo a través de ellas, por el camino de esta acción en pro de las reivindicaciones inmediatas, se conduce a las masas a la conquista de los objetivos políticos fundamentales. He aquí la segunda gran tarea que ha sido señalada al Partido.

Pero éste no podrá organizar y dirigir a las masas si no transforma previamente su propia organización. Es imposible que conservando las formas y métodos actuales podamos ponernos a la cabeza de las masas. De ahí que el IV Congreso señale como una de las tareas centrales, sin la cual no podrá cumplirse ninguna de las restantes, la de que el Partido se transforme radicalmente, realizando, sin perder un solo día, el viraje que la Internacional señala en su Carta última.

*  *  *

La gran importancia del IV Congreso y el progreso que significa en la vida del Partido no debe impedir que analicemos las faltas y debilidades que han existido, las cuales se han manifestado tanto en el período de preparación como en las sesiones mismas.

La preparación política del Congreso no ha sido todo lo intensa que debiera. La discusión de la Carta de la L C. y de los documentos elaborados por el Comité Central se ha desarrollado un tanto anárquicamente, sin estar sometida a una seria dirección. Asimismo, no se ha sabido ligar esta discusión a nuestro trabajo diario entre las masas, a los problemas concretos de la lucha. No era suficiente con celebrar grandes asambleas obreras para discutir en ellas los documentos que debían servir de base al Congreso; se precisaba que esta discusión se relacionara directamente con los problemas planteados en cada región y localidad. Había que dar la sensación a todos los obreros y campesinos de que los documentos, los proyectos de Tesis y Resoluciones en torno de los cuales giraban nuestros debates, iban a servir de base a toda la actuación de las fuerzas revolucionarias, que contenían la línea directriz  que debía inspirar la acción de éstas. Así  era como debíamos movilizar a das masas en toda España en torno de nuestro Congreso, y cómo ya la misma preparación de éste debía haber constituido un paso importante para transformarnos en un gran Partido bolchevique de masas.

4   Los debates del IV  Congreso Nacional han expresado con absoluta claridad cuál es el nivel político general de nuestro Partido y la necesidad de elevarle. La gran confusión dominante en torno de cuestiones centrales no hace sino reflejar la escasa comprensión que sobre ellas existe entré  la generalidad de los militantes. Esa misma confusión es una prueba elocuente de la insuficiente preparación del Congreso, ya que una discusión profunda y debidamente orientada debía haberla disipado.

En el informe del C. C. fueron planteadas a fondo todas las cuestiones centrales de la revolución. La discusión debía haber girado en torno de ellas y bajo ningún concepto el Congreso podía limitarse a aceptar la formulación hecha por la dirección del Partido sin discutirla ampliamente. No se trataba solamente de pronunciarse sobre la justeza de la caracterización, era preciso asimismo decidir sobre las formas prácticas de aplicación de la línea política señalada.

Asimismo la debilidad política del Congreso se manifestó en lo que se refiere a la autocrítica. No era suficiente con que el C. C. sometiera a una severa crítica la política general del Partido, las faltas cometidas por éste y, en particular, por su dirección. Se precisaba que los delegados al Congreso realizaran, por su parte, el mismo trabajo, sin temor a utilizar el arma preciosa que es la autocrítica. Los ataques de los trotskistas, la ofensiva llevada a cabo por los enemigos del Partido no podían ni debían privar a éste de ejercer una de sus más importantes funciones. La defensa del Partido y de su dirección ante los ataques de los enemigos no supone para nosotros renunciar a examinar y criticar las faltas que se cometen. Precisamente esto interesa y conviene a la burguesía. Un Partido Comunista que no reconoce sus faltas y las critica severamente no puede corregirlas, persiste en ellas y, por lo tanto, no puede conducir a las masas a la victoria 

*  *  *

Las desviaciones características de nuestro Partido —analizadas y condenadas ya por el Comité  Central en su Resolución— se han manifestado también en el IV Congreso. La concepción oportunista respecto a la cuestión nacional ha sido expresada esta vez, no sólo por los elementos de derecha, sino también por los elementos trotskistas. Mejor dicho, éstos han desarrollado ampliamente la tesis atribuyendo un carácter reaccionario al movimiento nacional de Vasconia y Galicia, que a su juicio debe ser combatido por el proletariado. Esta concepción oportunista ha sido admitida y consagrada, días después, por la Conferencia nacional de los trotskistas.

Abierto el período de discusión del Congreso, los elementos trotskistas iniciaron un ataque a fondo contra el Partido. Utilizando el justo descontento de los militantes de base y su reacción contra las faltas cometidas por el Partido y su dirección, han pretendido desorganizar nuestras filas y desmoralizar a nuestros militantes. Los trotskistas persiguen como objetivo central la disgregación de los Partidos Comunistas. En este sentido orientaron su trabajo en España, y particularmente en Madrid.

Afortunadamente el Partido ha respondido en forma adecuada al ataque de nuestros enemigos, reaccionando rápidamente contra ellos. Fue primero el IV Congreso quien categóricamente condenó la desviación trotskista y el trabajo fraccional que se había realizado; son hoy los militantes de base de Madrid quienes se pronuncian exigiendo la adopción de severas medidas políticas y de organización contra todos los que ataquen la línea política del Partido y las decisiones de su Congreso Nacional.

* * *

5    El IV Congreso significa el comienzo de una nueva etapa en la vida del Partido. Nuestros métodos de trabajo han de experimentar una modificación radical. No se trata sólo de saber adoptar Resoluciones acertadas, de trazarse una línea política justa. Es preciso, sobre todo, saber llevarla a cabo, aplicarla en el trabajo cotidiano.

Estamos en víspera de una gran jornada de lucha: el Primero de Mayo. En su preparación, en la organización de esta demostración de masas debe demostrar el Partido que ha comprendido el espíritu de la Carta de la I. C. y de las Resoluciones del Congreso, y que se marcha, efectivamente, por el camino revolucionario que éste ha trazado.

 

.......................         Delegado del P. C. de Alemania

Cómo transformarse en un Partido bolchevique de masas (discurso pronunciado ante el IV Congreso)

CAMARADAS: En nombre del C. C. del Partido Comunista, de las Juventudes Comunistas de Alemania y del proletariado revolucionario de este país, dirijo al IV  Congreso del Partido español los más fraternales y cariñosos saludos. Seguimos con La mayor admiración las luchas heroicas del proletariado de España contra la contrarrevolución y por la liberación de los obreros y campesinos del yugo del capitalismo y del feudalismo. El espíritu de lucha de las masas, su abnegación por la revolución, el creciente movimiento revolucionario de los campesinos, constituyen un ejemplo para los trabajadores de todo el mundo, y nos dan la seguridad de la victoria.

La situación objetiva creada es tal, que la crisis revolucionaria en España va agudizándose, especialmente en relación con la  crisis mundial del capitalismo. Asistimos en todos los países, y en España lo mismo, a una creciente radicalización de las masas trabajadoras. El papel del Partido consiste en ponerse al frente de estas luchas, en saber conducirlas por el camino revolucionario. Tenéis, camaradas congresistas, tenemos todos, una responsabilidad inmensa.

El desarrollo del Partido español, que os permite reunir en este Congreso a trescientos delegados animados del mayor entusiasmo revolucionario, el trabajo sincero de los congresistas, su amor a nuestra Internacional Comunista, su voluntad decidida de denunciar los errores, de analizarlos, de corregirlos para afirmarse en la línea comunista, demuestran los grandes progresos del P. C. de España.

Mas es necesario observar que estos progresos no corresponden a las posibilidades objetivas de vuestro desenvolvimiento. Aquí, en Sevilla la roja, con un proletariado magnífico y revolucionario, nuestro Partido es ya un Partido de masas que supo conquistar a la mayoría de la clase obrera. Aquí el Partido ejerce ya la hegemonía sobre el proletariado. Pero en las otras ciudades, y particularmente en el campo, no existe todavía un partido de masas; continuamos siendo muy débiles, orgánica y políticamente.

6   ¿Cuáles son las causas?  Quiero utilizar para examinarlas algunas de las experiencias hechas por el Partido alemán. Hoy, nuestro Partido ha llegado a ser un gran Partido de masas, que cuenta con mucho más de trescientos mil afiliados, con bastantes millares de células de fábrica, y contando con la influencia mayor en los centros proletarios industriales del Rhur, Renania, Berlín, Halle, Alta Silesia, etc., una influencia superior a la de los social-fascistas. Otro hecho de gran importancia: el P. C. alemán se halla perfectamente unificado sobre la base de la política marxista-leninista. El ha vencido las tradiciones socialistas, lucha con 'la mayor energía contra toda desviación oportunista o "izquierdista”. Esta lucha permanente sobre dos frentes de todo el Partido, desde la dirección hasta la base; discusiones profundas y encarnizadas, con participación de las células, sobre todos los problemas del Partido, del proletariado y de la Internacional, es lo que se necesita para trabajar como un verdadero Partido bolchevique.

Mas no siempre ha sucedido esto. El desarrollo del  Partido alemán, hasta llegar a ser un partido verdaderamente comunista, bolchevique, ha sido difícil. El movimiento organizado del proletariado alemán tiene una historia larga, y las tradiciones socialistas y reformistas eran profundísimas entre el proletariado alemán. Nació nuestro Partido de la izquierda revolucionaria de la socialdemocracia de antes de la guerra. Mas esta izquierda revolucionaria, bajo la dirección de Carlos Liebknecht  y Rosa Luxemburgo, no se hallaba exenta de desviaciones mencheviques del marxismo. En problemas fundamentales, como el del papel del Partido en la revolución, di desarrollo del capitalismo, el papel de los campesinos en la revolución, la cuestión nacional, existían graves errores. La historia de nuestro Partido comienza tomando como base, no el leninismo, o sea la aplicación del marxismo en el período del imperialismo, sino el luxemburguismo. Esta fue la teoría predominante. Con esta errónea teoría, falsificada por los jefes del partido de entonces, con una indigna política reformista, nuestro Partido no estuvo preparado para la realización de sus tareas revolucionarias. En la crisis del capitalismo alemán de 1923, fue incapaz  de organizar la revolución y dirigir a las masas revolucionarias. La derrota del proletariado alemán en 1923 tiene su causa principal en la inexistencia de un Partido auténticamente comunista, verdaderamente bolchevique. En 1918   el proletariado alemán no supo utilizar la victoria por carecer de un Partido Comunista, y en 1923 no pudo hacer la revolución por no poseer en el Partido un verdadero Partido Comunista. Esto demuestra, camaradas, el papel que el Partido desempeña en la revolución.

Al lado del luxemburguismo tuvimos, en la época del primer Congreso del P. C. de Alemania, en diciembre de 1918, la tendencia "izquierdista", es decir, sectaria pura. El primer Congreso adoptó la resolución de no tomar parte en las elecciones; se negaba la necesidad del trabajo en los Sindicatos reaccionarios, y respecto al problema del carácter del Partido, existía é. sectarismo, influido por la ideología anarquista. Esta mezcla reformista-putschista ([1]se manifestó claramente en 1921, durante las grandes luchas de Alemania. Otra vez  en 1924, bajo la dirección de Ruth  Fischer y otros elementos pequeño-burgueses, apareció el izquierdismo-sectario.

El sectarismo impidió realizar al Partido una justa política de masas, y no le permitió vencer a los enemigos más peligrosos del Partido: a los socialistas. En el interior del Partido existía el espíritu de secta, de tertulia, de diplomacia, en lugar de un trabajo colectivo. Se aceptaban las proposiciones de la Internacional verbalmente para no ejecutarlas; se eliminaba del  Partido a los mejores militantes proletarios, preparando el terreno para las desviaciones trotskistas, derechistas, etc. La consecuencia de esto fue una descomposición formidable, la ausencia de trabajo en los Sindicatos y la pérdida de influencia sobre el proletariado.

Fue la internacional Comunista, con el Partido bolchevique director, quien entonces, como ahora, enseñó al Partido alemán el camino que debía seguir y le permitió suprimir radicalmente el trotskismo y el oportunismo de derecha. Constituyó esto una lucha encarnizada, llevada a cabo con toda la dureza y claridad precisas para los bolcheviques.

Camaradas: Si yo os he relatado esta parte del desarrollo de nuestro Partido alemán, es a causa de que estas experiencias nuestras tienen importancia para vosotros, como para todos los Partidos de la Internacional. Sois aún un Partido joven. El Congreso de hoy es el primero que celebráis con una preparación en la base y con participación de millares de obreros. Vuestro Partido, aunque poseyendo ya grandes experiencias, continúa sufriendo un poco de las enfermedades infantiles, no ha liquidado todavía la influencia tradicional del anarquismo y del reformismo. Pero, camaradas, la experiencia de la Internacional y su ayuda activa os darán la posibilidad de avanzar, para transformaros en un verdadero Partido Comunista, bolchevique.

¿Cuál es la primera condición?

7   La voluntad firme de realizar las tareas trazadas por la Carta de la Internacional.  Y esto no es sólo la tarea de este Congreso, sino la base de todo vuestro trabajo ulterior. He escuchado las discusiones, y encontré  en todos los camaradas una confianza total en la Internacional y en su línea política justa. Es necesario conservar y mejorar este espíritu sano, que es vuestro mejor capital, y derrotar y aplastar sin piedad a aquellos que os lo quieran arrebatar. Es preciso luchar en el interior de nuestro Partido, sin reservas, sin sentimentalidad pequeño-burguesa, contra las tradiciones anarquistas, contra la influencia del anarquismo en nuestras filas, así como contra la influencia del trotskismo contrarrevolucionario y de todas las influencias pequeño-burguesas.

Esta influencia se observa en todo el trabajo de vuestro Partido. Quiero hablaros de la experiencia del Partido alemán en su vida interior y de los problemas de organización. Durante los primeros años de su existencia, el P. C. A. no comprendía la necesidad de una estructura leninista de organización. La democracia interior fue comprendida de una manera formal, sin entender por qué   el centralismo y la disciplina proletaria son una condición indispensable para que el partido pueda realizar sus tareas. Nuestro Partido ha pagado muy caro estas faltas, estos errores. Transcurrió mucho tiempo antes de que comprendiera que la célula de fábrica debía ser la base orgánica del Partido. Fundándome en las experiencias del P. C. de A., os digo: Camaradas: ¡Romped toda resistencia, todos los obstáculos que impidan la formación de vuestro Partido sobre la base de las células de fábrica, de lugares de trabajo, de cortijos!   ¡Romped la resistencia al ingreso en el Partido de los mejores obreros revolucionarios, todo aquello que se opone a la formación de un Partido de masas!

¡Conquistad la mayoría de la dase obrera, y para ello recordad que no se puede obtener la hegemonía sobre el proletariado sin actuar en los lugares de trabajo, y esto sólo pueden realizado vuestras células!

Otro problema.

Para preparar y llevar a cabo la revolución tiene que ser el Partido el organizador del proletariado y el director de sus luchas. ¿Cómo lograrlo?  Desde luego, sólo por medio de la aplicación de la línea política justa del Partido en sus células. Es decir, que las células no podrán conquistar a las masas aplicando mecánicamente las Resoluciones del Partido, sin que los militantes de las células sean conscientes luchadores de la revolución, combatientes verdaderamente comunistas. Pero los miembros de 'las células no pueden luchar como comunistas ni realizar sus tareas si la dirección del Partido no plantea todos los problemas—todos sin excepción—del Partido, de la Internacional y de la revolución a las células. Así, y no de otra manera, es como hay que realizar la democracia proletaria. Así se realiza una ligazón justa entre e¡l Partido y su base. Solamente así se eleva el nivel del Partido y se forja un partido bolchevique, el legítimo director de la clase obrera, el jefe victorioso de la revolución.

No temáis, camaradas, la elección de nuevos elementos, de obreros revolucionarios para los órganos directores del Partido. Vuestro Partido pasa hoy de diez  mil afiliados. Puede tener, en el plazo de idos o tres meses, de veinte a treinta mil. Existen entre ellos centenares de camaradas abnegados, capaces para realizar trabajos de importancia, para las direcciones. Un partido que de un pequeño grupo pasa a ser un partido de masas tiene que renovar y reforzar rápidamente sus cuadros dirigentes, sus organismos directores; debe crear cuadros nuevos, dedicando a esto todos sus esfuerzos.

Es una condición indispensable para suprimir el sectarismo y estar preparados para la realización del trabajo acumulado cada día.

Algunas palabras ahora sobre la situación internacional.

La crisis formidable que ataca a la base del edificio capitalista se agudiza rápidamente; las contradicciones entre los imperialismos y, especialmente, entre él mundo capitalista y el país del proletariado victorioso socialista, la URSS, nuestra patria común, son cada día más profundas.

La burguesía cree que puede salivarse por medio de la represión feroz  del movimiento revolucionario. El capitalismo conoce perfectamente la importancia de la U. R. S. S. para el proletariado mundial y sus luchas revolucionarias emancipadoras. Por esta razón, y para encontrar una solución temporal a sus propias contradicciones, los imperialistas preparan febrilmente la guerra contra la Unión Soviética. En China, y principalmente en Manchuria, existe ya una guerra la cual, dirigida por los imperialistas, es ya la guerra contra la U. R. S. S. La responsabilidad del Partido Comunista en estas circunstancias es formidable. No cabe duda de que todos los países capitalistas han de tomar parte en esta guerra contra la U. R. S. S.

Alemania como España, como cualquier otra nación, en una u otra forma. ¿Cómo luchar?

Es necesario comprender que los socialfascistas, apoyo principal del capitalismo, son también los agentes más peligrosos del imperialismo, los jesuíticos organizadores de la guerra. Por esto es preciso vencer y exterminar su influencia entre las masas, en las filas obreras.

8   Los trotskistas, aliados del socialfascismo en la. campaña de acusaciones calumniosas, son agentes de la burguesía y aliados del fascismo. En Alemania principalmente, mientras los socia-lfascistas realizan el fascismo, hay que comprender así el sentido de la alianza propuesta por los trotskistas con los socialfascistas, con la burguesía fascista de Hindenburg, imperialista y belicosa, con el enemigo mortal de la U. R. S. S. y del proletariado mundial.

Tampoco en vuestro país podréis aplastar a la contrarrevolución y organizar la etapa próxima de la revolución, sin aniquilar la influencia de los socialistas. El ataque principal del Partido español debe ser dirigido contra las fuerzas principales de la burguesía contrarrevolucionaria, contra los socialistas y también contra los anarquistas. El proletariado español, aliado a los campesinos trabajadores, no puede vencer a la contrarrevolución si no es bajo la dirección dé{  Partido Comunista, o sea cuando la influencia de los socialfascistas y anarquistas sea suprimida. Eí mayor peligro para el proletariado, para la revolución, lo constituyen los socialfascistas y anarquistas. La revolución democrática, como etapa de la revolución proletaria, sólo puede ser realizada bajo la hegemonía del proletariado dirigido por el Partido Comunista de España.

El P. C. alemán lucha contra el fascismo; siendo él la única fuerza antifascista, su lucha se realiza conquistando para él a la mayoría de la clase obrera y derrotando al sociaifascismo. Se desarrolla el frente único con los obreros socialistas, convenciendo a éstos de la justeza de nuestra política y de la traición de sus jefes, así como también de la política fascista de éstos. Ai mismo tiempo, y precisamente porque saben ya luchar contra los jefes socialfascistas que organizan el fascismo, nuestro Partido es el único que combate a la cabeza del proletariado contra las bandas de asesinos de Hitler y los expulsa de los barrios obreros de las grandes ciudades. Particularmente nuestro Partido lleva a cabo en las fábricas una lucha sin piedad contra los fascistas, diariamente los comunistas combaten en un frente único aliados a los obreros socialistas. Todos los días caen muertos camaradas nuestros en esta lucha, asesinados por los fascistas y por la policía de los socialfascistas.

Yo os aseguro, camaradas, que el Partido alemán lucha ya hoy con todas sus fuerzas contra la guerra imperialista dirigida contra Rusia, y si los imperialistas se atreven a pasar al  ataque contra la patria de los trabajadores, el Partido alemán se levantará como un solo hombre para defender a la U. R. S. S., para transformar la guerra imperialista en guerra civil, para destruir el poder burgués y hacer ¡la revolución proletaria. El heroísmo de los obreros españoles, el trabajo serio de vuestro Congreso, atestiguan que vosotros, camaradas, sabréis cumplir con vuestro deber.

También vosotros constituís en España la única fuerza que combate a la contrarrevolución, y debéis luchar venciendo a los jefes socialfasoistas y anarquistas, practicando y ampliando siempre el frente único con los obreros anarquistas y sociaJistas, enseñándoles cómo en sus luchas los jefes socialfascistas hacen de rompehuelgas, de agentes guardianes de la burguesía contra los obreros y campesinos, y desenmascarando también a los líderes anarquistas como aliados de la burguesía.

Debéis hacerlo llegando a ser los dirigentes de las Juchas de masas de los obreros y campesinos pobres que, traicionados por los partidos burgueses, se radicalizan.

Termino, camaradas: vuestro Congreso será provechoso si todos sacáis del mismo las infinitas enseñanzas de vuestro comido.

Los trabajadores del mundo entero fijan su mirada ahora en el Partido Comunista español, que prepara la revolución; en d Partido alemán, partido de masas, que lucha contra el fascismo; en el conjunto de los Partidos Comunistas que en el mundo capitalista podrido conducen a los trabajadores bajo la gloriosa bandera de la internacional Comunista, de la Internacional de Lenin.

Hay que luchar decididamente y con un vigor particular contra la guerra que prepara el imperialismo, comprendido el imperialismo español. Ahí tenéis el objetivo principal de vuestra lucha revolucionaria.

Realizaréis, camaradas de España, vuestro papel histórico aplicando la línea política trazada por la Carta de la Internacional, tanto en la organización de vuestro Partido, como en su vida interior y en vuestro trabajo diario entre los obreros y campesinos.

¡Viva el Partido Comunista Español, como organización bolchevique de masas!

¡Viva la revolución española!

¡Viva la España de los Soviets!

¡Viva la Internacional Comunista!

[1]          Putsch   =   golpe de mano.

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